15/02/2007

Vida de Francisco Araña. Capítulo I

Francisco Araña, el poeta de Los Llanos, escribió tres volúmenes de versos sobre las pardelas, cosa muy meritoria, y después consiguió que se los publicaran, cosa aún más meritoria, rayana en lo sobrenatural. Es triste, pero las pardelas no tienen demasiada aceptación entre nosotros. Son unas criaturas grises, desmañadas, con cara de pena, que anidan en los acantilados. Están amenazadas por varias razones: porque la costa ya no es lo que era, con tanto turismo; porque hay quien las caza y se las come, asegurando que saben a pato; y porque se deslumbran con las luces de las farolas y los polideportivos, se estampan contra los muros y se quedan conmocionadas, y a veces se mueren, las pobres. Pero a Francisco Araña las pardelas le gustan y le inspiran intensamente.

Francisco Araña lleva siempre en su bolsa ejemplares de sus tres libros, y también una carta de Antonio Gala, de su puño y letra, en la que le agradece el envío de sus poemas, le felicita y le anima a seguir adelante en el difícil camino de la literatura. Todo esto forma parte de un rito repetido mil veces. Francisco llega a cualquier lugar en el que se reúnan más de dos personas (un banco en la plaza, una parada de guagua) y se declara analfabeto a voz en grito. El público reacciona poco en general, pero siempre hay alguien que lo mira, aunque sea un segundo. Así que Francisco toma partido por el curioso, se dirige a él y profundiza en su declaración; no sólo es analfabeto, sino muy bruto. Del campo. ¿O no?, pregunta truculento, acercándose más. El oyente se pone nervioso, busca apoyo en el resto de la audiencia, pero no hay modo, nadie levanta la vista ni mueve un pelo. Así que responde bajito "oh, si usted lo dice, será". Francisco, entonces, con gesto triunfal, se vuelve, saca sus tres libros, los dispone en abanico y esgrime una fotocopia vieja de su carné de identidad. "Son míos", dice, "los escribí yo". Resopla y añade, amargo, "para que vengan a llamarme analfabeto". Como el público no se muestra suficientemente estupefacto para su gusto (Francisco cree que la razón principal de la decadencia del pueblo canario es que ya no se asombra de nada), decide hacer uso del argumento supremo y muestra la carta de Antonio Gala. "Estimado Francisco", lee con unción. Termina, dobla y guarda la carta, y mira de nuevo al público con aire combativo, y pregunta "¿qué, estoy loco?".

Lo que pasa es que Francisco tiene tendencia a hablar solo, alto y claro, en sitios públicos, sobre todo en las guaguas y sus alrededores, y salpica sus teorías con citas de Plinio el Viejo y de Nietzsche. De manera que el vecindario piensa (acertadamente) que está mal de la cabeza, y en eso coincide con su psiquiatra, que le explica que el primer paso hacia la curación es aceptar que las enfermedades existen. Francisco Araña opina que las enfermedades son, por este orden, el psiquiatra, su familia y el vecindario, y está dispuestísimo a aceptar que existen y a lamentarlo. Pero parece que no es eso lo que quería decir el psiquiatra.

Francisco Araña confiesa humildemente que tiene sus miras puestas en el Premio Nobel, porque "los suecos sí son gente seria y decente y trabajadora, con cultura, no como estos debasos de aquí". Recuerda cómo nadie hizo caso a Tomás Morales, cómo Alonso Quesada se murió de aburrimiento, cómo Pérez Galdós tuvo que irse a Madrid. "¿Qué voy a esperar yo?", concluye. Luego sale disparado, en busca de víctimas nuevas.
Posted by La Lupe at 23:32:22 | Permanent Link | Comments (3) |
Comentarios
1 - Lupe, eres una caja de sorpresas. Éste no lo conocía. Espero las siguientes entregas... (Comment this)

Escrito por: superfan at 2007/02/16 - 19:48:56
2 - Mi querida Lupe, un placer leerte. Me gusta mucho este blog de prueba, que no me parece así. (Comment this)

Escrito por: LA MARQUESA DE PÉREZ GALDÓS at 2007/02/17 - 21:58:31
3 - Ay Lupe, pero qué ingeniosa eres, no nos abandones, que nos concedes muchos ratos de placer (Comment this)

Escrito por: Playa del Hombre at 2007/03/01 - 12:59:41
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