19/02/2007

Cucarachas

Octubre de 1996. Estaba con Jose en la cama. Eran las tres o las cuatro de la mañana de un miércoles. Llevábamos poco tiempo juntos y todavía no necesitábamos dormir. Tuve sed, fui a la cocina a buscar agua, encendí la luz y vi una cucaracha enorme que subía por el cajón de los cubiertos. Volví corriendo a mi alcoba, con los ojos muy abiertos, y le dije a Jose: “Hay una cuca en la cocina”. Jose, tan alto, tan fuerte, tan hombre, se desencajó, puso cara de virgen dolorosa y gritó: “¡Mátala, mátala!”.

Agosto de 1997. Jose y yo estábamos a medio romper y pasábamos el fin de semana en un apartamento-estudio en la playa. Yo quería que nos arregláramos. Él no sé qué quería. La cocina estaba llena de cucarachas pequeñitas. No comimos nada. Y a la hora de acostarnos, no podíamos cerrar la puerta porque no había puerta. No dormí en toda la noche. Estuve callada, dando vueltas en la cama, sintiendo que me comían los bichos, por dentro y por fuera, deseando estar en otro sitio, en otro momento, ser otra. Mientras, Jose hablaba en sueños, pero no se le entendía.

Julio de 1999. Estaba con Rafa en la cama. Él dormía. A mí me despertó la iglesia de la Compañía, que daba las cinco de la mañana. Era martes, la segunda noche que pasábamos juntos. Entonces vi una cucaracha gigantesca que caminaba por el techo. Me aguanté las ganas de gritar. Le toqué el hombro y lo desperté. “Hay una cuca ahí arriba”, dije, bajito, y me levanté y me fui para la sala lo más rápido que pude, pero sin correr. Rafa miró a su alrededor, medio dormido, se levantó sin decir nada, salió de la alcoba, buscó el cepillo de barrer, cogió un trapo en la cesta de la ropa sucia, envolvió el cepillo con el trapo, entró en la alcoba, tiró a la cuca al suelo de un golpe certero y luego la remató. Salió de nuevo, cogió papel del baño, recogió los restos mortales de la cuca, lo echó todo a la vasija y tiró de la cadena. Luego puso el trapo en la cesta de la ropa sucia y colocó el cepillo en su sitio, detrás de la puerta de la cocina. Se volvió a la cama. Yo me acosté a su lado, maravillada. Me dio un beso. Me dormí.

Agosto de 2003. Rafa y yo nos estábamos separando, después de cuatro años de vida en común. Llevábamos dos meses y medio sin vernos, pero esa noche nos acostamos. Daba igual que fuera lunes o sábado. Era muy tarde. Entré en el baño de la que hasta entonces había sido mi casa, vi pinturas y cremas que no eran mías, y antes de que me diera tiempo de pensar más una cucaracha enorme pasó a mi lado. Grité y salí del baño a toda velocidad. No hizo falta decir nada. Rafa vino, cerró la puerta, dio unos cuantos golpes y volvió a la alcoba, triunfante. “Había tres”, dijo. Yo no hablé. Para qué.

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Comentarios
1 - Me gusta, Lupe, esa metafísica tuya de las cucas... (Comment this)

Escrito por: superfan at 2007/02/20 - 20:40:11
2 - Lupe, nos gustas a todas porque describes tan bien nuestros sentimientos que sólo siento ganas de aplaudir y de abrazarte cuando leo tus historias. Sigue dándonos tan buenos ratos. (Comment this)

Escrito por: Playa del Hombre at 2007/02/25 - 17:36:31
3 - Le dejé mis niñas a La Lupe, era la primera vez que se quedaba con las fieras, no tenemos costumbre de dejarlas con otras personas, excepto mi madre y, esa noche, La Lupe. Me iba tranquilizando por el camino, La Lupe es una tía seria y responsable, y las niñas no son tan fieras cuando duermen... tranquila, madre-leona... qué exageradita te has vuelto, tienes que salir más...despegarte de ellas y darle un besote a La Lupe cuando vuelvas a casa, ya verás que no pasa nada....
Me llamó a las once de la noche, desencajada...había una cucaracha en el salón,- ven rápido- me dijo.
Salí del restaurante a toda leche, volví a casa saltándome los semáforos en rojo, llegué sin aliento. Las niñas estaban perfectamente, efectivamente había una cucharacha enorme en medio del salón, patas arriba por el efecto de los productos desinsectantes...desinsecto la casa cada año, vivimos en el campo, con animales y hay mucho bicho, no se lo había dicho. Maté al intruso con un cepillo, lo barrí y lo tiré a la basura. Mi marido miraba a la Lupe subida a un sillón y a mi hija de cuatro años con una sonrisa maligna.
Tranquilizé a La Lupe, que cambió los planes y se quedó en su casa esa noche, mientras la bajaba a su casa me contó sus historias de cucarachas y amores...
He dejado otras muchas veces las niñas a su cargo, y no han aparecido más cucarachas desde entonces. Tengo su declaración de admiración eterna y ella tiene toda mi confianza. A lo mejor todo deriva en una preciosa historia de amor y sexo, y la cucaracha sólo apareció para avisarnos. (Comment this)

Escrito por: sheküre at 2007/02/25 - 23:36:45
4 - TENGO EL HONOR, LO COMENTO PÚBLICAMENTE, DE HABER PUESTO FIN A LA VIDA DE TODA CUCARACHA QUE SE HA CRUZADO EN NUESTRO CAMINO. SON MUCHAS, COMO MUCHOS LOS AÑOS, DE CORRERÍAS POR LAS CALLES DE MÁS DE UNA CIUDAD QUE ME UNEN A LA LUPE. ÉSTE, SU CABALLERO, PRETENDE SEGUIR DEFENDIENDOLA ANTE TALES FIERAS. BESOS (Comment this)

Escrito por: JUANFRA at 2007/03/12 - 05:14:52
5 - Las cucarachas, después de todo, unen mucho, las pobres (para algo tenían que servir). En cuanto le conté a La Lupe que mi casa prestada de Tao estaba llena de ellas, pude ver en su mirada la compasión y la empatía más infinitas. El día siguiente a la noche en que uno de esos bichos asquerosos me despertó trepando por la lamparilla de mi mesa de noche prestada (menos mal que tengo el sueño ligero), La Lupe se iba para Las Palmas a pasar el fin de semana. Y me ofrecíó su casa de Arrecife, que, por suerte y milagrosamente, no tiene cucarachas. (Comment this)

Escrito por: Lareinadelmango at 2007/06/14 - 12:56:27
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