Pies
Es la noche de la verbena y estamos todos en la playa. Hay unos cuantos que se van a quedar de amanecida, hasta el chocolate con churros y la diana floreada. Qué suerte, quién pudiera. Yo sólo tengo permiso hasta la hora de los fuegos, y lo que me costó. En el lado de allá de la playa, las luces, la orquesta, los cochitos, los puestos de golosinas, la bulla. En éste, la oscuridad, el mar rompiendo, la gente tirada en la arena, nosotros, hablando, riéndonos. Aunque yo no hablo ni me río casi. Porque estoy fuera de sitio, allí y en el mundo. Y porque está Pablo. Con Lourdes. A Pablo, que tiene los ojos amarillos como los gatos, lo quiero desde que cumplí los trece. Tengo catorce ya y no se me pasa. Más bien voy a peor. Él ni me mira, porque le gusta Lourdes. Yo soy alta, grande, calzo un 40, mi madre me llama “caballito” (pero de cariño). Lourdes es pequeña, delicada, calza un 35, su madre la llama “la niña”. En el colegio, yo juego al baloncesto (mal) y ella hace ballet y gimnasia rítmica. Ahora, en la arena, yo estoy sola, y Lourdes está sentada dentro de Pablo. Quiero decir, la espalda de Lourdes contra el pecho de Pablo, que la abraza. Me duele verlo, pero si me levanto y me voy se notará y será peor. Y después de tanto batallar para que me dejaran quedarme hasta los fuegos... Como los padres de Lourdes son igual de antiguos que los míos, y como ella es la única niña de su casa, yo confiaba en que tuviera que volver pronto. Entonces a lo mejor yo podría hablar un poco con Pablo. Pero se supone que Lourdes está con sus hermanos mayores, así que se puede quedar hasta la una y media. Y yo sólo tengo hermanos pequeños, que no sirven para nada. Cierro los ojos, procuro no pensar. Oigo una conversación sobre viajes. A Óscar le gustaría ir a Sudáfrica, y probablemente irá, porque su padre trabaja en Iberia y una vez al año le dan billetes gratis. A Marina le haría ilusión ir a la Patagonia, donde los pingüinos y los lobos marinos, o a Cuba, donde Silvio Rodríguez, no se decide. A Jorge, a coger olas a Australia. Manolo, Sergio y Loles se van a comprar pipas y cigarros, y se lo piensan por el camino. A mí me gustaría ir a México, a Guatemala, donde los mayas, pero no lo digo. Pablo y Lourdes están hablando en voz baja. Supongo que no quieren ir a ninguna parte. Y para qué. Pablo le está diciendo a Lourdes que tiene unos pies muy graciosos. Lourdes se ríe. Yo entierro mis pies, inmensos y feos y planos, en la arena. Pablo coge un pie de Lourdes y lo mira de cerca y le hace cosquillas y le dice que tiene los dedos perfectos, todos iguales, que parecen manises. Lourdes sigue riéndose. Y no puedo más. Y me levanto y digo que bueno, que adiós, que me voy. A nadie le importa. Marina pregunta, por pura educación, “¿pero antes de los fuegos?”. Digo que sí y busco los zapatos, que están al lado de los de Lourdes y parecen portaaviones. De camino a casa, pienso lo estupendo que sería que alguien me asesinara, y cojo por las calles más oscuras. Pero no. Acabo oyendo los fuegos desde la cama. Por el ruido se sabe que son una mierda de fuegos.


Bueno, acabas de hacerme revivir la adolescencia, que fue una mierda merecedora del olvido total. Y lo malo es que la adolescencia nunca se pasa, siempre andamos igual aunque nos neguemos a reconocerlo. Siempre serás la niña de los pies grandes; incluso cuando llegues a la invisibilidad te verás los pies. (Comment this)
Poneros en su lugar. En la vida no hay estación mala. (Comment this)
Y ya que están ustedes con la a-dolescencia desde la casita de los perdedores... para una inmersión cruel, sarcástica, tierna y real en el interior de una patita fea, cambiando además cada momento, les recomiendo Palíndromos, de Todd Solondz. Es una peli. Y si la han visto ya me disculpan. Solondz es de los que creen que sólo reconociendo nuestra crueldad se puede uno acercar a algo parecido a la realidad. Y es cruel donde todos los demás ponen espumillones, dabadabas y chispas de la vida... (Perdonen la perorata, pero es que a esta hora las ganas de hablar se me recrudecen).
Por otra parte ¿este cuento me suena de algo o he entrado en un bucle? ¿Lo había escrito, ay Lupita, hacía un tiempo, no? (Comment this)