15/06/2007

No

[Están en la cama, a oscuras. Son las dos y media de la mañana]

Él: Oye...

Ella: ¿Qué?

Él: ¿De verdad no me quieres?

Ella: No.

Él: ¿Nada?

Ella: Nada.

Él: ¿Y no me tienes cariño?

Ella: [no contesta, sólo le da un beso al azar, donde caiga, y cae en la cabeza]

Él: Joder. Es horrible.

Ella: Lo siento.

Él: Tú me tratas como un zapato y yo cada vez te quiero más.

Ella: Yo no te trato como un zapato. Te digo la verdad. Y habíamos quedado en no querernos.

Él: Habíamos quedado, dice.

Ella: Sí, habíamos quedado en que esto era un lío, nada más.

Él: Ya.

Ella: Y, bueno, seguro que si ahora me da un ataque de amor y enciendo la luz y te echo los brazos al cuello y te digo, con lágrimas en los ojos y gran intensidad, que me muero por ti y que quiero que nos vayamos a vivir juntos, sales corriendo.

Él: Prueba, a ver.

 

Ella: [se sienta en la cama y busca a tientas el interruptor de la luz]

Él: No, no, era broma, no me digas nada de eso, por favor.

Ella: ¿Ves?

Él: A simple vista no se nota lo mala que eres.

Ella: No soy mala. Mala sería si te mintiera.

Él: La verdad está muy sobrevalorada.

Ella: Sí.

Él: Cuando me das la razón me preocupo.

Ella: [se ríe]

Él: Pero es que hay miles de cosas muy sobrevaloradas. El sexo, por ejemplo.

Ella: ¿Lo dices en serio?

Él: En serio. El sexo está completamente sobrevalorado. No es para tanto. Yo prefiero ir a cenar.

Ella: [se calla]

Él: Ahora estás pensando que es lógico que yo prefiera ir a cenar, porque en la cama soy un desastre, pero que cualquiera de tus otros cinco mil amantes...

Ella: Pero qué imaginación más ruin. No estaba pensando eso.

Él: No. Lo que tenías que haber dicho era “no tengo cinco mil amantes, mi vida, sólo te quiero a ti”.

Ella: Ah. Pues lo que digo es que no eres ningún desastre en la cama.

Él: Gracias.

Ella: De nada. ¿Tu psicólogo no te dice que no hables mal de ti mismo?

Él: No. No me dice nada. Me cobra por escucharme durante una hora entera. No me interrumpe. Sólo faltaba.

Ella: Pero oye...

Él: ¿Qué?

Ella: ¿De verdad te parece que te trato como un zapato?

Él: Como diecisiete pares de zapatos. Viejos, además. Agujereados.

Ella: No, qué va.

Él: No me quieres.

Ella: Pero no te trato mal.

Él: Yo todo lo que no sea enamorarte perdidamente de mí lo considero maltrato.

Ella: [se ríe]

Él: Tú te debes creer que yo vengo a tu casa a follar. Que está muy bien, follar, pero yo quiero amor, cariño, compañía.

Ella: [deja de reírse]

Él: Lo que pasa es que es más fácil quedar para follar que para quererse. Y como visto desde fuera se parece tanto... Besos, abrazos...

Ella: Sí.

Él: Sí. Pero es una crueldad. Quiero decir, me das la parte más íntima de una relación, pero sin relación. Me coges el teléfono cuando te parece. Nunca quieres ir conmigo a ninguna parte. Ni a cenar. Te da vergüenza que nos vean juntos. En realidad sólo me quieres por mi cuerpo.

Ella: No. No me da vergüenza. Y una vez fuimos a cenar, y al cine. No, mentira, a cenar fuimos dos veces.

Él: ¿Y a la cama, cuántas veces nos fuimos?

Ella: No llevo la cuenta.

Él: Yo llevo la cuenta de las veces que me dejaste quedarme a dormir contigo en todo este tiempo: dos.

Ella: [suspira]

Él: ¿Entonces?

Ella: Entonces nada. Al principio estábamos de acuerdo y todo iba como una seda. El que cambió de idea fuiste tú. Y yo no puedo hacer nada para quererte. Eso pasa o no pasa, y a mí no me pasa contigo.

Él: ¿Te estás oyendo? Un maltrato como un piano. ¿Y por qué no me quieres?

Ella: Yo qué sé... Me he enamorado de tíos mucho peores que tú, que me daban mala vida, y tampoco sabía por qué los quería, ni podía dejar de quererlos así porque sí.

Él: [se calla]

Ella: Lo siento.

Él: Nada, nada. Lo que tengo que hacer es irme y perderte de vista de una vez. Hay unos feriantes rumanos que ya mismo salen de gira por el Perú, y como se les acaba de morir el oso bailarín...

Ella: ¿Qué?

Él: Pues que tengo una oferta de trabajo en firme.

Ella: ¿Pero tú sabes bailar?

Él: Maravillosamente.

Ella: Qué hombre.

Él: No sabes lo que te pierdes.

Ella: Sí sé.

Él: Anda, dime que me quieres.

Ella: Me gustas. Eres muy divertido. Eres bonito y a ratos me dan ganas de comerte.

Él: Vale. Me quedo. Los rumanos que se busquen otro oso.

Ella: Pero...

Él: Pero nada. Mientras te den ganas de comerme, me comes. Y cuando se te pasen, me voy al Perú.

Posted by La Lupe at 16:54:33 | Permanent Link | Comments (2) |
Comentarios
1 - ¿De verdad no lo quieres? Bueno, vale. Pero..., ¿ni un poquito, de verdad? Bueno, bueno, vale. (Comment this)

Escrito por: Lareinadelmango at 2007/06/15 - 19:57:02
2 - Delicioso diálogo maligno (¿Quién es el maligno, ella o él?) (Comment this)

Escrito por: circe at 2007/06/15 - 19:57:59
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