Cumpleaños
Era su cumpleaños. El teléfono empezó a sonar a media mañana. Tres llamadas. Ninguna de él, claro. A la hora de comer le escribió un mensaje. “Hace mucho que no hablamos. Antes o después volveremos a ser amigos, ¿no? Estaría bien que fuera hoy. Es mi cumpleaños. Besos”. Pero no lo mandó. Lo guardó en Borradores.
El café, la tarde. Catorce felicitaciones, ninguna de él. Le escribió otro mensaje. “Estos últimos meses se me hicieron largos. Tanto amor, tanta historia, ¿y nada más, nunca más? Es mi cumpleaños. Asoma el hocico y te invito a algo”. Tampoco lo mandó. Lo guardó en Borradores.
Se hizo de noche. Siete campanilleos más, ninguno de él. El vestido nuevo, las sandalias, las uñas brillantes, la cena. El teléfono bien guardado, en el fondo del bolso, con el volumen al máximo. Dos llamadas, ninguna de él. A las diez y media se fue al baño y le escribió otro mensaje. “Pacíficamente te digo que te echo de menos y que me gustaría ser amiga tuya. Es mi cumpleaños, estoy de fiesta, podrías venir. Besos”. Tampoco lo mandó. A la carpeta de Borradores no le quedaba mucho espacio ya.
Tarta, velas, abrazos, regalos, fotos, copas. El teléfono no volvió a resollar. A las doce menos cinco, de camino a un bar, se paró en medio de la calle y le escribió otro mensaje. “Tres años juntos y no eres capaz de decirme ‘felicidades, besos’. Y ni siquiera me sorprende. Qué se puede esperar. Bah. A la mierda. Me rindo”. Éste sí lo mandó.
Él no respondió.


FDo. Komo Kenome Iyama
PD: Asalta ya el mundo editorial, Lupecia, que tú te sales pero esto va muu rápido y te van a acabar copiando... (Comment this)