Friday, June 8, 2007

Mujer fantasma

Me siento en la cama, me pongo las gafas y miro. Está dormido. Durante medio segundo me olvido y me da ternura. Pero luego me vuelve el odio. Qué mal lo hizo, pienso envenenada, qué mal. Al principio me quería mañana, tarde y noche: yo era la reina de los mares. Y cuando empezaba a acostumbrarme al reinado y a disfrutarlo, se enredó con una chiquita rubia. No significaba nada, me explicó, él me quería igual que antes, o más, y si me lo contaba era porque la confianza y la comunicación son fundamentales en la pareja. Pero después le entraron dudas, le costaba aclararse, tenía sentimientos contradictorios; porque no era que no me quisiera, sino que no sabía si me quería lo suficiente, o mejor dicho, no sabía cómo me quería, para qué me quería. Todo esto me lo fue retransmitiendo en tiempo real. La sinceridad es una mierda. El diálogo, también.

Quedamos en darnos tregua hasta después de Carnavales. Pero claro, nos encontramos. Él iba de Jimi Hendrix, y yo, de mujer extraterrestre, con rastas plateadas y un fusil intergaláctico. Empezamos a hablar con mucho cuidado. Dio igual. En diez minutos nos estábamos peleando. A gritos. Bueno, yo gritaba más. Y le pegué, y le hice sangre en la nariz. No se enfadó. Me abrazó, me dijo “no te preocupes”. Me puse a llorar y me abrazó más. Acabamos en la cama. Y después se durmió.

Cómo puede dormir. Yo hace semanas que no duermo ni como casi. No entiendo nada. Ni sé cómo me acuesto con él, con este coraje que tengo. Cada poco se me enciende una foto en el cerebro (la más repetida es una de él abrazado a la chiquita rubia, comiéndosela a besos) y se me llevan los demonios, y a veces vomito. No lo puedo evitar. No tengo cabeza ni voluntad. Ya no sé quién soy. Ahora, que me estoy quedando flaca, flaca, regia. Estoy tremenda con el traje de extraterrestre.

Él se da la vuelta, resopla. Qué estará soñando. Lo miro más. Y qué va a pasar, me pregunto. Si se queda conmigo, si se va, da lo mismo. Si se queda nunca me voy a creer lo que me diga, me veo revolviéndole los bolsillos delante de la lavadora, pasándole el escáner por encima cuando vuelva a casa, olisqueando el aire a su alrededor, comprobando cada dato que me dé. Tendré que vivir con este fondo de odio y de vergüenza en el cuerpo. Y todo el mundo sabrá que me engañó y que me comí el orgullo y lo perdoné. Pero si se va me muero. No podré dejar de quererlo, ni querré a nadie más, no me recuperaré, me quedaré empantanada, siempre aquí, seré una mujer fantasma. No hay  remedio.

Entonces me viene un golpe de lucidez, y veo que la única salida, la única posibilidad de cerrar esta historia con cierta dignidad, es matarlo. Si él se muere sí se acaba todo. Ya no hay que decidir nada más. Lo pienso más. Es lógico. Está desnudo y dormido. Si lo hago bien no sufrirá apenas. No puede ser tan difícil, la gente se muere rapidísimo en los accidentes. En el cuello le late la sangre. Me levanto despacito y me acerco a la cocina. Abro el cajón de los cubiertos y no encuentro ningún cuchillo que merezca la pena. Busco en el fregadero, pero tampoco. El menos malo es el de las papas. Lo lavo, lo seco, me lo llevo a la cama. Me siento otra vez. Él sigue dormido. Miro dónde tendría que cortar. Aquí, en este huequito. Le paso la lengua. Está salado. Él apenas se da cuenta.

Y cuando estoy calculando cuál sería el ángulo más efectivo, se me enciende una foto. Una foto mía. Me veo en la cárcel, en el patio. Llevo un chándal celeste, estoy haciendo aerobic. Si lo mato, se me ocurre, me van a internar durante diez o quince años. ¿Y merece la pena? Me quedo un poco en la cama, con un ronroneo nuevo en el cerebro. Al final me levanto, me ducho, recojo el traje de extraterrestre del suelo y me lo pongo, arrugado como está. En la mano llevo las rastas y el fusil intergaláctico, que se quedó encendido y ya no tiene pilas. Dentro de un rato me querré morir, pero ahora me siento muy capaz de irme. Cierro la puerta sin hacer ruido.

Cuando ya estoy en la calle se me enciende otra foto. Él se despierta, desorientado, mira a mi lado de la cama y no ve más que el cuchillo de las papas.

Posted by La Lupe at 19:48:08
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