24/01/2008

Fiebre

Tengo fiebre. Me duele la garganta, y la cabeza, y la espalda, y los huesos, y cada vez que me pongo de pie se me levanta un vendaval en los oídos. De día estoy tirada, lacia, sin espíritu para nada, agobiándome con la cantidad de cosas que debería estar haciendo y no hago, y que tendré que hacer contrarreloj cuando me cure. De noche no consigo dormirme. Tengo fríos y calenturas y me revuelvo en la cama. A ratos estoy encogida como un gato chico, envuelta en kilos y kilos de ropa de cama; a ratos me estiro como una estrella de mar y mando las mantas al suelo. Al principio pensaba que no dormía porque me daban miedo las pesadillas. Porque cuando tengo fiebre siempre sueño con verduras mutantes. Una vez soñé que estaba encerrada en un contenedor de pimientos abandonado en el puerto. Yo gritaba, pero nadie me oía. Y entonces los pimientos empezaban a abrirse en dos mitades, y de su interior salían vampiros-cucaracha que se me acercaban para mirarme bien. Otra vez soñé que estaba dentro de una nube de acelgas radiactivas, que me entraban por la nariz y la boca y se me colaban por la piel, y quemaban venenosamente, y yo no podía hacer nada, porque no había otra cosa que respirar. Pero ahora creo que no es por las pesadillas, sino porque esta vez la fiebre me enciende la cabeza de una manera distinta. Y pienso como una sierra circular, y así no hay quien duerma. De vez en cuando me llegan unas ideas frías, transparentes, que me ponen mala. Por ejemplo, es mentira que los abrazos resuelvan los problemas. Si eso los alejan un poco. Pero luego vuelven, y como aprovecharon para coger carrerilla, están más fuertes.

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16/01/2008

Cola del banco (II)

[Antes oía a la gente hablando en la guagua. Ahora la oigo sobre todo en la cola del banco. También es que aquí en Lanzarote hay más bancos que guaguas. Bueno, sea donde sea, insisto en reivindicar al poeta Roque Dalton, maestro recolector de conversaciones ajenas, y en dedicarle esta pieza absurda]


"Todo el mundo no es igual, no se puede medir a todo el mundo por el mismo trasero".

"A mí no me estés volviendo loca. Si quieres casarte por la iglesia, te casas. Si lo quieres hacer por el rito balinés, pues balinés, a la playa todo el mundo, unas floritas y ya está. Ahora, una cosa te digo: por el rito balinés no hay tarta".


"Es que la vida es una mierda. Bueno, la mía".


"Esta mañana me pesé. Ciento dos kilos seiscientos gramos, sin zapatos. Qué asco de socialistas. Con Aznar yo pesaba ochenta y cinco kilos y estaba hecho un figurín. Menos mal que ya falta poco para las elecciones".


"Al sector lo que le hace falta ya es un repulsivo".


"Mamá me llamó y me dijo: 'en la tele salió que habían matado a una chica en tu ciudad', y yo le dije 'sí, la pobre, tan jovencita', y Mamá me dijo 'ten mucho cuidado, hija mía', y yo le dije 'tú tranquila', y ella dijo 'haz el favor de no andar sola por ahí de noche', y yo le dije 'sí, Mamá', y ella me dijo 'y no le lleves la contraria a nadie', y yo dije 'pero Mamá', y ella dijo 'sí, porque tú te pones tan levantisca, yo no sé de dónde habrás sacado ese genio', y yo ya no dije nada, total para qué".


"Pues me mandó el médico a hacer deporte, que la vida sedimentaria es muy mala".

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11/01/2008

Paisaje inútil

Para qué tanto cielo, para qué tanto mar, para qué sirve la tarde si tú no vas a venir, se preguntaba, melancólico, Tom Jobim, mirando el fondo de un vaso, en 'Inútil paisagem', una canción de 1963. A él, en Río de Janeiro, el paisaje le servía de decorado para sus amores. A nosotros, en Lanzarote, ¿para qué nos sirve el paisaje? Para algo parecido, en realidad. Nos sirve para encender, avivar, desatar emociones que tienen valor en el mercado turístico. Porque los turistas son coleccionistas de experiencias y viajan para sentir. Los paisajes que les ofrecemos les remueven cosas por fuera y por dentro, en la piel, el estómago y la cabeza...
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01/01/2008

Descanso

La especialista en cocina viaja por Italia. Investiga, busca, pregunta, prueba,  se sorprende, toma notas, saca fotos. Come científicamente berenjenas  y  tomates de  diez variedades distintas, setas y trufas de todos los bosques, frutas luminosas, aceites aromáticos, flores crujientes, nueces, carnes, tripas, pescados, salazones, panes, dulces… Y después  de cuatro días de explosiones sensoriales ya no puede con su alma. Así que espera que se haga de noche, entra en un McDonald’s, arrastrando un poco los pies, y pide papas fritas, que tienen la virtud de no saber a nada. Mastica. El paladar y el cerebro se le apagan un ratito. Descansa. Casi le vienen ganas de llorar.

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