Para empezar
Si me vas a mirar así, entonces cógeme y apriétame fuerte y cómeme la boca. Digo, para empezar. Méteme las manos por debajo de la ropa, muérdeme, lléname de moretones, o no, ven despacito, como tú quieras. Pero no me hagas esto. No me trates como si fuera de otra especie, un animal imposible, una cebra de las nieves. O peor, el espíritu descarnado de una cebra de las nieves. No te portes como si yo no estuviera aquí al lado tuyo. Estoy, estoy, tengo sangre, tengo piel, respiro. Es una maldad contarme historias, acercarte un segundo, con los ojos encendidos, brillar, hacerme saber a qué hueles y cómo raspas y cómo quemas, darme ideas, y luego dejar que pase el tiempo hasta el infinito, qué tarde es, vaya, bueno, adiós, adiós, ya nos vemos.


Y de lo otro, lo que el decir alimenta... ¿pero no lo sabes ya?
¿Y cuándo te publican de una vez?
Bueno, ración de aplausos con efecto retroactivo: plas, plas, plas, plas, plas... (cutypástelos las veces que le vengan y le pongan).
Beso
H
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