02/06/2008

Caneco

La Noe está atendiendo a una señora que ha pedido rojo-rojo para las uñas de los pies y brillo-ópalo-rosa para las de las manos. Los pies ya están, perfectos, relucientes, y la Noe se concentra en las manos. La señora cierra un poco los ojos y se relaja. Entonces se abre la puerta de la peluquería y entra el Caneco, que sonríe como un camión de esos todos cromados que llevan naranjas a Francia, y le da un teléfono móvil a la Noe y le dice "Llámame a Elena, anda", y la Noe suelta un momento el pincelito, coge el teléfono y dice "Hola, buenas tardes, ¿me puede poner con la Infanta Elena, por favor?". La señora abre los ojos. Y la Noe, "Hola, guapa, ¿cómo estás?, sí, yo muy bien también, pero mira, ahora no me puedo parar, que tengo mucha tarea, te paso al Caneco, ¿vale?, besitos, adiós". El Caneco coge el teléfono y se derrite, "Elena, Elenita, vida mía, tú no sabes cuánto te echo de menos", y se va hacia la puerta, y se despide de la Noe con un gesto agradecido, y sale a la calle hablando en voz baja, y desaparece. La señora mira a la Noe con cara de interrogación. La Noe, callada, le pinta unas cuantas uñas a la señora con tanto cuidado como si el esmalte fuera de plutonio enriquecido. La señora se resigna y vuelve a cerrar los ojos. La Noe empieza a hablar de repente. "El pobre", dice. "Antes era muy conocido, hacía giras mundiales y bailaba en los mejores escenarios, con los grandes. Y se le fue la cabeza, y le dio por decir que él había estado con mujeres de mucho tronío, princesas, emperatrices, reinas... Pero que a él la que le gustaba de verdad era y es la Infanta Elena. Y como la tienen encerrada en palacio y no le pasan sus llamadas, le hace falta una voz de chica que pregunte por ella". La señora lo entiende. En palacio son muy estrictos con estas cosas. "Entonces todos los días viene a la misma hora y nos pide que llamemos a Elena. El teléfono está apagado, claro". La Noe remata la segunda capa y busca el spray de secado rápido. La señora vuelve a cerrar los ojos. "¿Y los domingos?". "No, los domingos se lo pide a una vecina".
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Comentarios
1 - Jajajaja! ¿pero cómo se te ocurren estas cosas...? voy a tener que ir más a la pelu. (Comment this)

Escrito por: begoña at 2008/06/03 - 08:00:28
2 - Lo importante es que el Caneco es feliz, y la Noe, una peluquera con sentimientos. Seguro que no te obliga a quitarte las mechas por la fuerza ni nada... (Comment this)

Escrito por: circe at 2008/06/03 - 10:53:11
3 - En realidad la Infanta Elena estaba secuestrada por un señor que se vestía con pantalones llenos de paramecios y, en ocasiones especiales, con capa 'à la' Ramontxu García en Nochevieja. Pero

desde que se han divorciado
y del museo han retirado
la estatua de cera
del Duque DeFormeEntera

parece que Su Alteza está mucho más suelta; ya ni siquiera llora en los actos públicos en los que aparece su hermano.

El Caneco lo tiene hecho. (Comment this)

Escrito por: Anónimo at 2008/06/03 - 15:27:09
4 - ya no olvidaré la sonrisa del Caneco, como un camión cromado de esos que traen o llevan naranjas a Francia, muy lindo, licenciada (Comment this)

Escrito por: Anónimo at 2008/06/03 - 16:39:58
5 - Jo, estoy por pedirle a su peluquera que a mí me ponga todos los sábados con Brad Pitt.

PD.- sepa que en persona es usted deliciosa; ya me lo habían avisado pero ha resultado ser verdad verdadera. (Comment this)

Escrito por: Ginebra at 2008/06/04 - 17:03:29
6 - Es amor verdadero si después de haber estado con Rania, Máxima, Carolina, Estefanía y Cristina, e incluso con Mette Marit -mi favorita, sin duda-, como dice, el Caneco haya elegido a Elena. Me quito el cráneo. (Comment this)

Escrito por: jotapunto at 2008/06/05 - 12:35:14
7 - Hola, ayer supe de tu libro la "Vida tinta" por el programa de Juan Jacinto Muñoz Rengel en Radio Nacional. Leyó "Puré de pelos". Genial! Felicidades.

Gemma (Comment this)

Escrito por: Anónimo at 2008/06/06 - 16:34:49
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