Caneco
La Noe está atendiendo a una señora que ha pedido rojo-rojo para las uñas de los pies y brillo-ópalo-rosa para las de las manos. Los pies ya están, perfectos, relucientes, y la Noe se concentra en las manos. La señora cierra un poco los ojos y se relaja. Entonces se abre la puerta de la peluquería y entra el Caneco, que sonríe como un camión de esos todos cromados que llevan naranjas a Francia, y le da un teléfono móvil a la Noe y le dice "Llámame a Elena, anda", y la Noe suelta un momento el pincelito, coge el teléfono y dice "Hola, buenas tardes, ¿me puede poner con la Infanta Elena, por favor?". La señora abre los ojos. Y la Noe, "Hola, guapa, ¿cómo estás?, sí, yo muy bien también, pero mira, ahora no me puedo parar, que tengo mucha tarea, te paso al Caneco, ¿vale?, besitos, adiós". El Caneco coge el teléfono y se derrite, "Elena, Elenita, vida mía, tú no sabes cuánto te echo de menos", y se va hacia la puerta, y se despide de la Noe con un gesto agradecido, y sale a la calle hablando en voz baja, y desaparece. La señora mira a la Noe con cara de interrogación. La Noe, callada, le pinta unas cuantas uñas a la señora con tanto cuidado como si el esmalte fuera de plutonio enriquecido. La señora se resigna y vuelve a cerrar los ojos. La Noe empieza a hablar de repente. "El pobre", dice. "Antes era muy conocido, hacía giras mundiales y bailaba en los mejores escenarios, con los grandes. Y se le fue la cabeza, y le dio por decir que él había estado con mujeres de mucho tronío, princesas, emperatrices, reinas... Pero que a él la que le gustaba de verdad era y es la Infanta Elena. Y como la tienen encerrada en palacio y no le pasan sus llamadas, le hace falta una voz de chica que pregunte por ella". La señora lo entiende. En palacio son muy estrictos con estas cosas. "Entonces todos los días viene a la misma hora y nos pide que llamemos a Elena. El teléfono está apagado, claro". La Noe remata la segunda capa y busca el spray de secado rápido. La señora vuelve a cerrar los ojos. "¿Y los domingos?". "No, los domingos se lo pide a una vecina".


desde que se han divorciado
y del museo han retirado
la estatua de cera
del Duque DeFormeEntera
parece que Su Alteza está mucho más suelta; ya ni siquiera llora en los actos públicos en los que aparece su hermano.
El Caneco lo tiene hecho. (Comment this)
PD.- sepa que en persona es usted deliciosa; ya me lo habían avisado pero ha resultado ser verdad verdadera. (Comment this)
Gemma (Comment this)