Bricolaje
Estaba yo encerrada en mi cuarto maquillándome los pies, que tenía unas cicatrices feísimas por culpa de unas sandalias de charol que me despellejaron toda, vamos, que un pelo me faltó para parecer la Novia Cadáver y caminar por ahí sembrando cachitos de hueso y cartílago con prodigiosa elegancia; y yo lo que quería era ver si el corrector de ojeras funcionaría en los pies, o si sería mejor el iluminador, y si después habría que añadir polvos compactos, para darle uniformidad al tono, y si la combinación mancharía o no; y tenía la cabeza ocupada en decidir qué sería preferible, si dar pena por la parte de los pies o estropearme los zapatos, y recordaba los refranes de mi abuela, "al que quiera celeste que le cueste", "para presumir hay que sufrir", todos deprimentísimos, cuando de repente entró mi madre, y yo escondí el corrector de ojeras debajo de la almohada, porque estos experimentos científicos prefiero mantenerlos en privado, y ella me preguntó "¿qué, qué haces?", y yo le dije "aquí, pensando si me pinto las uñas de los pies o no", y ella, con la ceja levantada, "pero si ya las llevas pintadas, y de negro además", y yo, "no, es color chocolate", y ella, "chocolate negro, será", y yo, revirándome un poco, "se llama Gorgeous ChocolArt Explosion", y ella, "milagro que cabe el nombre en la etiqueta", y yo, acordándome de por qué no me gusta discutir de estilismos con mi madre, "¿y tú viniste por algo en particular?", y ella, orgullosa, "para decirte que te arreglé el emepetrés", y yo, "pero si no estaba roto", y ella, "sí estaba, tenía la parte de arriba medio levantada, la de la lengüeta del bloqueo, pero no te preocupes que ya te lo pegué con la gotita", y ahí me entraron fatigas, "ay, ay, ay", y ella, "¿qué?", y yo, "¿dónde está?", y ella, "fuera, secándose al sol", y yo "ay, ay, ay", porque delante de mi madre no digo palabrotas, y ella, "niña, que no lo llevé a reciclar ni se lo di al gato para que jugara, que te estoy diciendo que te lo arreglé", y yo bajé las escaleras a gran velocidad, y lo vi en la ventana de la cocina, tan blanquito, tan delicado, y bueno, por ir resumiendo y evitando suspenses, ahora mi empetrés funciona, pero de un tirón, empieza y no acaba hasta que no se le agota la batería, tengo que oírme cuatro gigas de música sin tregua ni piedad, cosa que incluye a los Electroduendes, por ejemplo, y a Celia Cruz, y a mi madre le entró un ataque de culpabilidad y me dijo "perdona, hija mía, yo no sabía que los emepetrés de alta tecnología no se podían pegar con la gotita, la próxima vez leeré el prospecto del pegamento y el del aparato antes que nada, de verdad, dime qué puedo hacer para compensarte, te compro otro", y yo, estúpidamente, dije que no y pedí pinturas, y como resultado tengo dieciséis esmaltes de uñas en la gama del negro satánico, el marrón frío-y-umbrío, el plateado-lago de la muerte y el morado-lívida putrefacción, y a mi madre le parecen todos horribles, y cuando me mira los pies se estremece. Y me encanta.


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Ya he terminado tu libro. Hace pensar, está bien escrito, hace reir, me he sentido identificado en muchos de los cuentos de parejas, los títulos son pequeñas perlitas que te dejan buen sabor de boca. Una joyita, vaya. Se nota que está escrito con mucho cariño.
Se lo he prestado a mi novia para que lo lea y también le está gustando mucho.
Me acabo de enamorar de la autora.... profundamente.
Un beso fuerte (Comment this)
Er androide.
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Tu tía que humildemente se siente responsable de haber fomentado tu desbordante imaginación cuando, siendo tú un comino, te sacaba cajas enteras de galletas y caramelos de las orejas.
La Tía Conchi (Comment this)
Martin (Comment this)
Estoy esperando mi perro de porcelana, no te lo digo más.
Beso, (Comment this)