Mercado
Él sabía que ella tenía todo el trabajo del mundo y que era mala hora para llamarla. Pero la llamó igual. Ella contestó acelerada, “¿sí?”, con subtítulos que decían “¿qué?”. Y él, tan tranquilo, mirando al cielo: “niña, que soy yo, que cuando salgas de la radio te pases por el bar del mercado, que te espero allí y nos tomamos una caña antes de ir para casa”. Ella calculó, “es la una y cuarto, vale, tardaré como media hora”, y colgó y siguió con lo suyo. Y mientras escribía pensaba “una caña y nos vamos juntos a casa, y ya veremos qué almorzamos... pero la nevera está vacía... bueno, no, hay dos tomates y media coliflor... y huevos... y no nos queda un duro ya... a día veintiuno”. Llegó al bar del mercado diez minutos tarde. Ya por la acera iba oyendo la musiquita líquida de la máquina tragaperras. Y entró y lo vio allí, de pie, con su camiseta de tirantes, concentrado en los mandos de la máquina como si estuviera tripulando una nave espacial, y el cigarro y la caña abandonados en la barra. Ella dijo, suavito, “hola”. Él hizo un gesto de “espera”, sin desclavar los ojos de la máquina, y dio un par de toques más. Y de repente la máquina hizo un ruido raro, reventó por dentro y empezó a soltar dinero. Él levantó los brazos, triunfante, y la abrazó. Cuando dejaron de caer las monedas las contaron. Cinco mil pesetas. El premio máximo. Se fueron al mercado y compraron navajas y salmonetes y pimientos de padrón y tres kilos de tomates para gazpacho y una sandía enorme que reventaba de azúcar. Luego, subiendo por la calle San Juan, helado de vainilla y café granizado. Ella lo miraba, cargado con las bolsas, contento, con su diente de tiburón al cuello y su anillo de calaveras y sus pulseras de cuero y sus melenas, hablando sin parar, y pensaba que vale que no tenía trabajo, ni parecía que lo fuera a tener, pero que ahí estaba, llevando comida a casa, y tan grande, y tan fuerte, y tan capaz, y tan feliz siempre. Él miró cómo lo miraba ella y se paró en medio de la calle, soltó la compra en el suelo y se la comió a besos.
Almorzaron con mucho lujo y mucha sonrisa. Ella llegó tarde a la emisora y se llevó un responso, pero le dio lo mismo.


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Tenía que compartir este momento... (Comment this)