26/06/2008
16/04/2008
Colmillos
[En la consulta del médico. Elenita, pálida]
Médico [mirando los análisis de Elenita con aire fúnebre]: Ah.
Elenita [preocupada]: ¿Qué?
Médico: Dígame, ¿qué comió usted ayer?
Elenita: Potaje de berros.
Médico: ¿Y qué más?
Elenita: Y un tomate, y un yogur.
Médico: ¿Y para cenar?
Elenita: Fruta, queso...
Médico: ¿Nada más?
Elenita: Bueno, un poco de chocolate...
Médico: ¿Y anteayer?
Elenita: Pisto. Y un huevo duro. Y kéfir con frutos secos.
Médico: Venga un momento para acá, hágame el favor.
Elenita: ¿Dónde?
Médico: Aquí conmigo.
[Elenita se levanta, pasa al otro lado de la mesa y se acerca al médico. El médico señala un espejo que tiene colgado en la pared]
Médico: Mírese. ¿Qué ve?
Elenita [incómoda]: Me veo yo.
Médico: ¿Y usted qué es?
Elenita: ¿Cómo?
Médico: ¿Es una mujer o una vaca?
Elenita [ofendida]: Oiga.
Médico: Una mujer, ¿verdad?
Elenita: Sí.
Médico: Pues entonces, ¿por qué se empeña en comer como una vaca? A ver, abra la boca.
Elenita: ¿Qué?
Médico: Mírese los dientes. Tiene colmillos, ¿no?
Elenita [odiando al médico]: Sí.
Médico: Y bien afilados. Es que usted es carnívora. Para estar sana tiene que comer carne. Y pescado. Proteínas de origen animal. Eso dicen sus dientes. Y sus análisis. No puede comer como una vaca; tiene que comer vacas. ¿Lo entiende?
Elenita: Pero tomo leche, queso, huevos...
Médico: Pues con eso no basta.
Elenita: Tomo carne a veces. Cuando salgo por ahí.
Médico: A veces, a veces...Tiene una anemia como un piano. Y los niveles de colesterol muy por debajo de lo normal. Coma carne de vaca, de cordero, de cerdo, de pollo. Coma pescado, marisco. Todos los días.
Elenita [sintiéndose idiota]: Me da pena.
Médico: Le da pena...
Elenita: Me da pena, cuando voy al mercado y veo los animales muertos me da pena.
Médico: Pues no los mire. ¿Qué prefiere, comer otros animales o que otros animales se la coman a usted?
Elenita: Las vacas no comen personas.
Médico: No discuto con usted. Le digo que coma carne. Y punto. Si sigue así se va a desnutrir.
Elenita: ¿Desnutrida yo? ¿Usted me ha visto bien?
Médico: No digo que no tome calorías suficientes. Pero no toma proteínas suficientes. Las proteínas son los ladrillos...
Elenita: Sí, ya, los ladrillos.
Médico [aburridísimo de repente]: Bueno, mire, coma carne y punto. Déjese de penas. Y tómese estas vitaminas [hace cuatro rayones en un papel].
Elenita [abatida]: ¿Y si no?
Médico: Si no, nada, su familia la entierra (a no ser que prefiera una cremación) y en paz.
Elenita: ¿El jamón vale?
Médico: Serrano sí.
Elenita: Bueno...
[Elenita baja las escaleras pensando en los cochinos ibéricos, todo el día en el campo, comiendo bellotas, y decide que tanta pena no le dan]
06/04/2008
Entrevista
Ana [nerviosa]: Buenos días, buenos días.
Señor de la radio: Vamos a empezar hablando de tu trayectoria, Ana.
Ana: Ah... Pues es que no tengo trayectoria... Éste es mi primer libro.
Señor de la radio: ¿Es tu primer libro? Estupendo, excelente... ¿No has publicado nada antes, entonces?
Ana: No.
Señor de la radio [desconfiado]: ¿Pero nada, nada?
Ana: Hombre, alguna publicación científica sí, cuando trabajaba en la universidad... Pero... eh... literatura... [risa tonta]... literatura no.
Señor de la radio: Bien, bien. Una recién llegada al mundo de la literatura, ¿no? Ah, cuántas ilusiones, cuántas luces y sombras, cuánto azúcar y cuánta amargura... Háblanos, entonces, de tu novela.
Ana: Eh... Bueno, no es una novela. En realidad son cuentos.
Señor de la radio: ¿Muchos?
Ana [envalentonada, porque ésta sí se la sabe]: Cuarenta y tres.
Señor de la radio: Vaya, vaya. Cuentos, ¿eh? [como si estuviera diciendo “ratas muertas, ¿eh?”]. ¿Y de qué tratan?
Ana: Pues de muchas cosas, de amores, de precariedades, de los descubrimientos de la infancia...
Señor de la radio [interrumpiendo]: ¿Tú eres partidaria del amor?
Ana: Yo sí. Bastante.
[Silencio]
Señor de la radio: ¿Y del humor?
Ana: También. El humor es lo que me salva del desastre cada día.
Señor de la radio [solemne]: Ana, ¿tú qué piensas de la vida?
[Silencio]
Ana: ¿De la vida?
Señor de la radio: Sí, de la vida.
Ana [descompuesta]: ¿Pero de la vida de quién?
Señor de la radio: De la vida que nos rodea y nos hace palpitar en sintonía con el universo, cada día y cada noche, desde el principio de los tiempos, toda la eternidad... ¿Cómo ves la vida, Ana?
Ana [aún más descompuesta]: Bueno, te puedo decir cómo veo mi vida. Que ahora mismo es un poco caótica, un poco torbellino, todo muy acelerado, muy difícil de procesar...
[Silencio]
Ana [risa medio tonta-medio desesperada]: Espero que ustedes lo lleven mejor...
Señor de la radio [lúgubre]: Sí, sí, por supuesto que lo llevamos mejor, claro que sí... Pues muchas gracias, Ana, vamos a decirte adiós deseándote el mejor de los éxitos y leyendo en antena un pequeño extracto de tu libro.
Ana [temblando]: Gracias, gracias.
[Sube la musiquita de piano durante unos segundos. Luego el Señor de la radio lee un cuento con voz de cura. Ana tiene ganas de morirse]
Señor de la radio: Así nos despedimos de Ana García, autora de una novela interesantísima que esperamos que a pesar de todo llegue a muchos lectores. Y, cambiando de tercio, vamos a hablar con un músico, José Luis Ruipérez, gran intérprete de la mandolina...
[Ana se tiende en el sofá y reza para que nadie haya escuchado nada. El teléfono empieza a sonar. No lo coge].
13/03/2008
Desayuno
Me levanto muy temprano y salgo de mi cuarto sin hacer ruido ni encender luces casi. Llego a la cocina y allí está mi madre, dándole el desayuno al perro Cocodrilo. El perro está sentado al lado de la nevera, tan tranquilo, tomando café con leche y polvorones. A ratos levanta el hocico y chasquea la lengua. Se le deben pegar los polvorones al cielo de la boca. Mi madre, de pie, toma café también y le habla, “cosa que no podía ser, de ninguna de las maneras, así que le pedí la hoja de reclamaciones, y si vieras cómo se le cambió la cara...”. El Cocodrilo no lo duda. Si el consumidor no se defiende, lo avasalla cualquier sinvergüenza, es así. “Buenos días, Mami”, digo. Se da la vuelta, sorprendida. Es raro que yo madrugue. “Buenos días, niña, ¿quieres zumo de naranja?”. “¿Qué desayuna el perro? ”. “Ah, pues lo de siempre”. “Mamá, que el perro no puede tomar café”. “Sí que puede”. “Que no le va a sentar bien, quiero decir, la cafeína y el azúcar y eso; que además está cada día más gordo”. “Pero si lo toma con sacarina y leche semidesnatada”. “¿Y los polvorones?”. “Le encantan”. “Sí, pero tienen azúcar, manteca de cerdo...”. “Estos son de aceite de oliva”. “Aún así tienen cinco mil millones de calorías”. “La vida es breve”. “La del perro, seguro, si le das de comer esas cosas”. “Animalito mío, no va a estar siempre comiendo pienso, alguna alegría tendrá que llevarse”. “Ay”. “Bueno, tú quieres zumo y café, ¿verdad?”. “Pero polvorones no”. “No, tranquila”.
27/02/2008
Insomnio
[A las tres y veinte de la mañana de un miércoles]
Operadora: Tuteletienda Deluxe Internacional, buenas noches, le atiende Josefina Delgado, ¿en qué puedo servirle?
Mujer con insomnio: Buenas noches, mire, quería hacer un pedido.
Operadora: Por supuesto, dígame usted.
Mujer con insomnio: Pues yo quería cuatrocientos cincuenta Nicer Dicers.
Operadora: ¿Cómo?
Mujer con insomnio: Cuatrocientos cincuenta Nicer Dicers. 4-5-0. Nicer Dicers. Julianas sin esfuerzo, deliciosas ensaladas de fruta, tomates fantásticamente troceados...
Operadora: Ah. 4-5-0. Bien.
Mujer con insomnio: No son todos para mí. Yo es que tengo una escuela de cocina artística.
Operadora: Sabrá usted que con cada Nicer Dicer, al precio increíble de 59.95 euros más gastos de envío, regalamos otro.
Mujer con insomnio: Estupendo, estupendo, ¿y todos blancos?
Operadora: Sí, todos blancos, con las cuchillas cromadas.
Mujer con insomnio: Qué aburridos.
01/12/2007
En casa
Él: ¿Estás mejor?
Ella [muy digna, tendida en el sofá, leyendo el Vogue Italia]: Sí.
Él: ¿Te duele menos la pierna? ¿Te tomaste las pastillas?
Ella: Me duele menos, y no, no me tomé las pastillas, ni me las voy a tomar.
Él [resopla]: Claro, a ti lo que te diga el médico da igual, ¿no?
Ella: No me da igual del todo, pero vamos, es una opinión más.
Él: Una opinión más. Ya.
Ella: Una cosa orientativa. Porque además estoy pensando que lo que me hace falta es quitarme el quiste.
Él: Pues en eso coincides con el médico, con su opinión orientativa de especialista en piernas, después de seis años de universidad y veinte de experiencia; y lo que dice el médico es que, hasta que te den hora para el cirujano, te tienes que tomar las pastillas.
Ella: No, si lo que digo es que no hace falta el cirujano, que me lo quito yo, el quiste.
Él: No puede ser.
Ella: Sí, si no es difícil. Mira, tengo un bisturí.21/11/2007
Vacuna
La madre de Amalia la llama por teléfono a la hora de comer y le dice, sin respirar, “Cariño, yo no me quiero meter en tu vida ni nada, Dios me libre, pero por favor, mira a ver si te pones la vacuna ésa nueva del cáncer del cuello del útero”. “¿Qué?”, pregunta Amalia, extrañadísima. “Sí, el único requisito para que funcione es ser virgen: entonces, piénsatelo, porque los beneficios son muchos, a largo plazo…”. “Mamá, que tengo 28 años”. “Sí, si yo no digo nada, yo respeto tu intimidad, pero valóralo tú, que…”. “Mamá, que no hace falta que valore nada, que tardo un segundo en hacer un repaso histórico, y es que no”. “Verás, son tres pinchazos repartidos en un período de un año, y en total cuestan 464 euros, que yo creo que es un dinero que merece la pena, porque la salud…”. “Mamá, que no, que…”. “Aunque igual si te esperas la acaba dando gratis la Seguridad Social, pero claro, entonces igual ya es demasiado tarde, y mientras tanto el cuello del útero …”. “Mamá, escúchame, que tengo 28 años, que hace mucho que no soy virgen”. “Cariño, de verdad, no te sientas obligada a contarme nada”. “Mamá”. “Porque yo quiero dejarte tu espacio personal, que tú tomes libremente tus decisiones y tus cosas, que alces el vuelo…”. “Mamá”. “Porque ya lo decía Khalil Gibran, tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la vida, que se manifiesta a través de ti...”. “El móvil, me están llamando, Mamá, adiós, adiós”. Amalia cuelga, indignada, coge el móvil, que no estaba sonando ni nada, y escribe un mensaje, todo en mayúsculas: “MAMÁ, NO SOY VIRGEN. NO SIRVE DE NADA QUE ME VACUNE A ESTAS ALTURAS. LO SIENTO. PERO CON LO QUE ME AHORRE TE VOY A PAGAR EL CURSILLO ÉSE DE ESCUCHEMOS A NUESTROS HIJOS. ME TIENES LOCA. BESOS”.
17/10/2007
Inauguración
Hola, niña, cómo estás, bien, verdad, mira, te llamo porque vamos a hacer una fiesta de inauguración de la casa, sí, el sábado, pero no este sábado, sino dentro de tres semanas, yo siempre aviso con tiempo, que hay que ser considerado con los demás, ¿no?; nada, nada, sólo invitamos a los más íntimos; Jorge quería que lo hiciéramos a lo grande, con su orquesta de verbena y todo, pero yo le paré los pies y le dije que no, que de ninguna manera, que un asadero y ya, que no estamos nosotros para dejarnos un dineral en esto, que lo del euríbor nos tiene asfixiaditos; y mira, como la gente es como es, lo vamos a hacer fuera, en el patio, que si no ya tú sabes que los invitados lo destrozan todo, claro, como las alfombras no son de ellos, las pisotean, las manchan, hasta colillas les echan encima, y las tapicerías ni te digo, y los muebles, con lo nuevito que lo tengo yo todo y lo que me gasté en poner la casa; y luego lo noveleros que son, qué poca vergüenza, que si los dejas solos un momento te abren y te revuelven los cajones y los roperos, y eso sí que no; así que lo vamos a organizar de manera que nadie tenga que pasar del recibidor para adentro, es que ni al baño, fíjate, tenemos un bañito monísimo fuera, al lado del garaje; y qué te digo, que si ese fin de semana no te toca la niña arréglalo con Manolo para que te la traigas, mujer, que además de Yaiza la mía vendrán un montón de chiquillos más, tú verás qué divertido; vamos a sacar todos los juguetes al patio para que nadie tenga que entrar a la habitación de Yaiza, que tú sabes lo que son los niños, que lo que no lo rompen se lo llevan; ya te llamaré unos días antes para recordártelo y confirmar y para decirte lo que tienes que traer, porque aquí cada uno trae algo, las cervezas, el vino, la carne... Queso no, que a Jorge en la empresa le regalaron una partida de queso porque estaba a punto de cumplírsele la fecha: pero nada, si el queso además no se echa a perder, azul y todo está bueno.
01/10/2007
Dos voces (monólogo)
Yo: [suspiro] Mañana es lunes.
Yo también: ¿Y a ti qué? Si estás en el paro.
Yo: Sí.
Yo también: Te da igual que sea lunes o jueves o sábado.
Yo: No me da igual.
Yo también: ¿Qué tienes que hacer mañana?
Yo: Tengo que llamar a la tesorería de la universidad, a ver si me pagan los atrasos. Cuando me digan que no, tengo que ir al banco a explicarles por qué voy a seguir unos días más en números rojos. Tengo que corregir los textos, que sólo me queda un mes para la entrega. Tengo que...
Yo también: ... poner lavadoras, tender, planchar, barrer, fregar, sacar la basura, ir a la compra, guisar.
Yo: Sí.
Yo también: No quiero ser desagradable, pero estás cogiendo costumbres de parada crónica. Lo dejas todo para después. Te acuestas demasiado tarde, ves las teletiendas...
Yo: Oye, ¿al final pedí la tarjeta de El Corte Inglés o no?
Yo también: No.
Yo: Es que anoche vi una máquina de gimnasia que no me acuerdo cómo se llamaba, pero tenía buena pinta y no era cara. Servía para ejercitar como catorce grupos musculares. Y era plegable. Yo creo que cabría debajo del sofá.
Yo también: Espabílate, muchacha. No tienes dinero, sino deudas. No te puedes comprar nada, sea caro, barato o una ganga. Y menos en una teletienda.
Yo: ¿Y a ti qué te pasa con las teletiendas?
Yo también: Te estoy diciendo que no te conviene coger costumbres de parada. No se ve la tele por la mañana ni a altas horas de la noche. No se descuidan las tareas de la casa, no se cambian los horarios ni las pautas de alimentación y ejercicio. Estás más gorda.
Yo: Son las hormonas. Además, me tuve que quitar de la piscina.
Yo también: Pues caminas o corres, que es gratis.
Yo: Ya.
Yo también: Y otra cosa: no se va por ahí con cara de pena.
Yo: Ya.
Yo también: Cuando la gente te llama por teléfono y te pregunta cómo estás, no se pone voz de mártir en la hoguera ni se hacen chistes sobre el fin del mundo ni se dice “ya saldrá algo”. La espalda recta. La cabeza alta. Actitud positiva.
Yo: Ya.
Yo también: ¿Me estás escuchando?
Yo: Sí. Pareces un libro de autoayuda.
Yo también: Ah. Conmigo te pones muy digna, pero luego, de puertas para afuera, no haces más que lloriquear.
Yo: Déjame quieta un ratito, ¿no?
Yo también: No. Venga. Dúchate, vístete y vamos.
Yo: ¿Adónde?
Yo también: Adónde sea. Algo útil tendrás que hacer en la calle.
Yo: Estoy haciendo algo útil aquí.
Yo también: Otra costumbre de parada. Quedarte horas pegada al ordenador, mirando boberías en Internet.
Yo: ¿Si me suicido te callarás la boca?
Yo también: No sé. Supongo.
Yo: Fíjate que me empieza a parecer buena idea.
28/09/2007
Ciencias ocultas
Yo antes era puta, pero ahora me dedico a las ciencias ocultas. Sí, echo las cartas. Antes, cuando iba a visitar a mi niño al centro donde lo tienen encerrado (porque robó una moto, una hormigonera y una epilady, y lo cogieron, al pobre), pues yo me llevaba mis tarjetas, que ponían 'Gloria' y un corazoncito y mi número de teléfono, y se las daba a los trabajadores de allí, a los educadores, a los guardias de seguridad, a los que hubiera, y les decía "esto por si alguna vez quieres compañía". No, a mi niño no le importaba. Estaba acostumbrado. Tampoco es que me hiciera mucha falta la propaganda, porque yo heredé la clientela de mi madre completita cuando ella se jubiló; pero son señores que se van haciendo mayores, se van muriendo, y claro, vienen menos. Para el asunto de echar las cartas llevo otras tarjetas, más elegantes, negras, que ponen 'Madam Stephaní', y unas estrellas azules y mi número de teléfono. Y cuando las reparto digo "esto por si quieres ayuda para ver tu futuro". Pero lo de las ciencias ocultas no... no es muy allá. Gano poco. Será que todavía no tengo tantos clientes. Así que a veces, cuando el negocio está flojo y suena el teléfono, no contesto "Madam Stephaní", sino sólo "¿sí?", así, con misterio, y según; si preguntan por Gloria, pues allá voy. Aquí te dejo las dos tarjetas. Y mira: si quieres compañía y ayuda para ver tu futuro, te hago un precio.

