Paisaje inútil
Para qué tanto cielo, para qué tanto mar, para qué sirve la tarde si tú no vas a venir, se preguntaba, melancólico, Tom Jobim, mirando el fondo de un vaso, en 'Inútil paisagem', una canción de 1963. A él, en Río de Janeiro, el paisaje le servía de decorado para sus amores. A nosotros, en Lanzarote, ¿para qué nos sirve el paisaje? Para algo parecido, en realidad. Nos sirve para encender, avivar, desatar emociones que tienen valor en el mercado turístico. Porque los turistas son coleccionistas de experiencias y viajan para sentir. Los paisajes que les ofrecemos les remueven cosas por fuera y por dentro, en la piel, el estómago y la cabeza...

