Habilidad
Subo a casa de mi tía corriendo, sin avisar ni nada. Toco a la puerta. Ella abre, se asombra un poco y me sonríe. “Hola, mi niña”. “Que vengo a que me mires las orejas”. Me da un beso. “Pasa, pasa para dentro”. Por el pasillo duda. “¿Yo no te saqué un chupachús ayer?”. “Sí, uno grande, con chicle. Y sugus también. Pero fue anteayer”. “Ah, anteayer”. Entramos en la cocina. “¿Tú merendaste? ¿Quieres leche? ¿Un bocadillo? ¿Galletas?”. “Ya merendé ya”. “¿Seguro? ¿Un yogur? ¿Magdalenas? ¿Nocilla? ¿Queso con conserva? ¿No?”. No. Me siento en una silla blanca con flores de terciopelo y me estiro la coleta y la miro con cara de por favor. “Ya tú sabes que las golosinas necesitan tiempo para criarse”, dice ella. “No nacen de un día para otro. Y en dos días no sé si habrá dado tiempo”. “Bueno, pero mira por si acaso, que ahora como son vacaciones da más tiempo para todo... Para la magia también... Anda”. Mi tía se ríe. “Que no es magia. Es habilidad. A ver, quédate quieta un momento”. Me coge la cabeza, se asoma a la oreja derecha. “Por aquí no veo nada... Espera, que... Ay, el teléfono... Ahora vuelvo”. Se va para la sala. Yo aprovecho para levantarme, saltar un poco por la cocina y sacudir la cabeza. Por si sirve para algo. Y qué habrá. Estaría bien que fuera regaliz rojo. O pastillas de goma. O barquillos de chocolate. O un polo de Drácula. Mi tía vuelve. “Siéntate. Y no te muevas. Que si te mueves las golosinas se enrabiscan y se van para allá dentro y se desaparecen. Como un pulpo en una cueva, igual. A ver... Sí... Pues mira, sí que hay algo... Pero no sé qué será... Qué difícil”. Oigo un crujidito y me alegro toda. “Fíjate tú qué cosa”. Más crujiditos. Algo que raspa un poco. Ya. Mi tía, triunfante, me pone en la mano cuatro caramelos de limón de los de Napoleón. Buenísimos. Con picapica. “Espérate, espérate, no te muevas aún, que hay algo más... Es grande... Ay... ¿Será posible esto?”.
Me voy a mi casa con una caja de bombones debajo del brazo. Mi tía dice que ahora tenemos que esperar dos semanas por lo menos, para que se me recuperen los interiores de tanto esfuerzo. Yo lo entiendo. Son muchos bombones. Y además ingleses.

