Friday, June 15, 2007

No

[Están en la cama, a oscuras. Son las dos y media de la mañana]

Él: Oye…

Ella: ¿Qué?

Él: ¿De verdad no me quieres?

Ella: No.

Él: ¿Nada?

Ella: Nada.

Él: ¿Y no me tienes cariño?

Ella: [no contesta, sólo le da un beso al azar, donde caiga, y cae en la cabeza]

Él: Joder. Es horrible.

Ella: Lo siento.

Él: Tú me tratas como un zapato y yo cada vez te quiero más.

Ella: Yo no te trato como un zapato. Te digo la verdad. Y habíamos quedado en no querernos.

Él: Habíamos quedado, dice.

Ella: Sí, habíamos quedado en que esto era un lío, nada más.

Él: Ya.

Ella: Y, bueno, seguro que si ahora me da un ataque de amor y enciendo la luz y te echo los brazos al cuello y te digo, con lágrimas en los ojos y gran intensidad, que me muero por ti y que quiero que nos vayamos a vivir juntos, sales corriendo.

Él: Prueba, a ver.

 

Ella: [se sienta en la cama y busca a tientas el interruptor de la luz]

Él: No, no, era broma, no me digas nada de eso, por favor.

Ella: ¿Ves?

Él: A simple vista no se nota lo mala que eres.

Ella: No soy mala. Mala sería si te mintiera.

Él: La verdad está muy sobrevalorada.

Ella: Sí.

Él: Cuando me das la razón me preocupo.

Ella: [se ríe]

Él: Pero es que hay miles de cosas muy sobrevaloradas. El sexo, por ejemplo.

Ella: ¿Lo dices en serio?

Él: En serio. El sexo está completamente sobrevalorado. No es para tanto. Yo prefiero ir a cenar.

Ella: [se calla]

Él: Ahora estás pensando que es lógico que yo prefiera ir a cenar, porque en la cama soy un desastre, pero que cualquiera de tus otros cinco mil amantes…

Ella: Pero qué imaginación más ruin. No estaba pensando eso.

Él: No. Lo que tenías que haber dicho era “no tengo cinco mil amantes, mi vida, sólo te quiero a ti”.

Ella: Ah. Pues lo que digo es que no eres ningún desastre en la cama.

Él: Gracias.

Ella: De nada. ¿Tu psicólogo no te dice que no hables mal de ti mismo?

Él: No. No me dice nada. Me cobra por escucharme durante una hora entera. No me interrumpe. Sólo faltaba.

Ella: Pero oye…

Él: ¿Qué?

Ella: ¿De verdad te parece que te trato como un zapato?

Él: Como diecisiete pares de zapatos. Viejos, además. Agujereados.

Ella: No, qué va.

Él: No me quieres.

Ella: Pero no te trato mal.

Él: Yo todo lo que no sea enamorarte perdidamente de mí lo considero maltrato.

Ella: [se ríe]

Él: Tú te debes creer que yo vengo a tu casa a follar. Que está muy bien, follar, pero yo quiero amor, cariño, compañía.

Ella: [deja de reírse]

Él: Lo que pasa es que es más fácil quedar para follar que para quererse. Y como visto desde fuera se parece tanto… Besos, abrazos…

Ella: Sí.

Él: Sí. Pero es una crueldad. Quiero decir, me das la parte más íntima de una relación, pero sin relación. Me coges el teléfono cuando te parece. Nunca quieres ir conmigo a ninguna parte. Ni a cenar. Te da vergüenza que nos vean juntos. En realidad sólo me quieres por mi cuerpo.

Ella: No. No me da vergüenza. Y una vez fuimos a cenar, y al cine. No, mentira, a cenar fuimos dos veces.

Él: ¿Y a la cama, cuántas veces nos fuimos?

Ella: No llevo la cuenta.

Él: Yo llevo la cuenta de las veces que me dejaste quedarme a dormir contigo en todo este tiempo: dos.

Ella: [suspira]

Él: ¿Entonces?

Ella: Entonces nada. Al principio estábamos de acuerdo y todo iba como una seda. El que cambió de idea fuiste tú. Y yo no puedo hacer nada para quererte. Eso pasa o no pasa, y a mí no me pasa contigo.

Él: ¿Te estás oyendo? Un maltrato como un piano. ¿Y por qué no me quieres?

Ella: Yo qué sé… Me he enamorado de tíos mucho peores que tú, que me daban mala vida, y tampoco sabía por qué los quería, ni podía dejar de quererlos así porque sí.

Él: [se calla]

Ella: Lo siento.

Él: Nada, nada. Lo que tengo que hacer es irme y perderte de vista de una vez. Hay unos feriantes rumanos que ya mismo salen de gira por el Perú, y como se les acaba de morir el oso bailarín…

Ella: ¿Qué?

Él: Pues que tengo una oferta de trabajo en firme.

Ella: ¿Pero tú sabes bailar?

Él: Maravillosamente.

Ella: Qué hombre.

Él: No sabes lo que te pierdes.

Ella: Sí sé.

Él: Anda, dime que me quieres.

Ella: Me gustas. Eres muy divertido. Eres bonito y a ratos me dan ganas de comerte.

Él: Vale. Me quedo. Los rumanos que se busquen otro oso.

Ella: Pero…

Él: Pero nada. Mientras te den ganas de comerme, me comes. Y cuando se te pasen, me voy al Perú.

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Sunday, May 20, 2007

Confesión

Ella: Ave María Purísima.

Él: Eso ya no se dice. Pero vamos, que sin pecado concebida.

Ella: ¿No se dice? Es que hace mucho que no me confieso.

Él: Lo normal es que nos demos los buenos días o las buenas tardes.

Ella: Pues buenas, padre.

Él: Buenas, hija.

Ella: Ahora ya no sé seguir. Cuando yo era chica se decía “Me acuso de que…”

Él: Sí, cuéntame.

Ella: Pues me acuso de que llevo una vida de mierda.

Él: ¿Cómo?

Ella: Una vida de mierda. Trabajo quince horas al día, libro cuando a mi jefe le da la gana, voy siempre corriendo a todos lados, me gritan, gano poco, no tengo contrato ni seguro ni derecho a nada, pero Hacienda me saca una pasta cada año, estoy todo el día pendiente del teléfono, si no me duele la cabeza me duele la espalda, como de pie, en los bares, fumo un montón, bebo un montón, y cuando llego a casa lo único que me apetece es llorar y morirme.

Él: Pero eso no es para confesarse.

Ella: ¿Que no?

Él: No, eso es mala suerte, no es un pecado.

Ella: Venga, padre. Mi vida es ridícula, autodestructiva, lo que hago no sirve para nada más que para ir tirando. Estoy desperdiciándome a mí misma. No soy feliz. Si eso no es pecado…

Él: Pero es que no está en tu mano, ¿no? Quiero decir, me imagino que vives así porque no te queda otro remedio. Hoy en día, el mercado laboral…

Ella: No. No es que no me quede otro remedio. Es que soy cobarde.

Él: [se queda callado]

Ella: Porque tiene que haber otra forma de vivir. Seguro. Pero por más que se me lleven los demonios cada día, no me atrevo a dejar el trabajo que tengo hasta que no aparezca otro. No tengo valor para irme por ahí, a ver qué pasa. Me da miedo el paro, la incertidumbre… Y como no ahorro nada…

Él: Yo creo que esto que me cuentas no es de mi negociado.

Ella: ¿No?

Él: No.

Ella: ¿Qué cosas son de su negociado?

Él: Pues los problemas familiares, los vicios, la mala fe, la soberbia…

Ella: De todo eso tengo.

Él: A lo mejor te convendría ir a la oficina de empleo, o a un gabinete de esos en los que te hacen un perfil y te dicen cuál es la ocupación que mejor se ajusta a tus posibilidades.

Ella: Sí. Y luego, a la casa de la Barbie Malibú, a tomar el té con ella y con Ken.

Él: O ver si salen unas oposiciones o algo…

Ella: Pero para estudiar hace falta muchísimo tiempo, y a mí no me alcanza ni para ir al mercado.

Él: No te puedo ayudar. Lo siento.

Ella: ¿Usted está contratado y eso, padre?

Él: Pues más o menos.

Ella: ¿Cuánto lleva cotizado? Porque yo estoy trabajando desde 1993 y sólo tengo seis meses.

Él: Lo mío es distinto. Oye, ¿y no tienes pecados normales, como todo el mundo?

Ella: ¿De los de levantar falsos testimonios y juntarse con malas compañías y tal? Sí. Muchos.

Él: Pues eso sí lo podíamos dejar arreglado.

Ella: Si usted quiere… Pero a mí me preocupa bastante menos.

Él: A ver, a ver, ¿por dónde empezamos?

Ella: Ah, por ejemplo por lo de las mentiras. Trabajo en un periódico, ¿sabe?

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Monday, May 14, 2007

Demasiado

Me acerqué al chófer de la guagua, que era un muchacho joven, le toqué el hombro y le dije, muy suave: “Mira, perdona, ¿podrías quitar la música?”. Él, sin mirarme, me respondió en voz baja: “No, lo siento, pero no puedo, es una visita guiada, el CD es el guía, y además de la música trae las explicaciones, la historia de los volcanes, el uno de septiembre de 1730 la tierra se abrió, ese rollo, ¿sabes?”. Yo le dije: “Ya, pero esto de la misa de réquiem es demasiado”. “¿Demasiado qué?”, preguntó. “Demasiado, no sé, demasiado hermoso, demasiado conmovedor, y encima el paisaje, y la luz…”. “Pero es que está hecho para eso, para que sea bonito, para que se impresione la gente”. “Si no digo que no, pero es que llevo unos días terribles con tanta belleza, estoy toda revuelta, me duele el cuerpo entero, primero estuve en La Graciosa, luego en un concierto en la Cueva de Los Verdes, luego navegando y había ballenas, y ya no puedo más, me siento como despellejada”. “¿Y entonces por qué vienes a la Montaña del Fuego? ¿No sabes lo que es esto?”. “Sí, pero es que tengo invitados en casa, unos amigos de la Península, y los tengo que acompañar a todos lados”. “Pues lo siento, pero el CD no lo puedo quitar, la empresa me obliga, imagínate que los viajeros reclaman y dicen que nadie les guió la visita: me echan”. “Bueno”. “Pero no te pongas así”. “Es que me siento muy mal, tengo un desconsuelo…”. “Si te vas para el fondo se oye menos. Y puedes cerrar las cortinillas. A tus amigos les dices que te mareas”. “Ya”. “O si quieres te dejo mi mp3 y le subes el volumen al máximo”. “¿Y qué llevas?”. “Reggaetón”. “Pues igual…”. “Toma, mira, el play está aquí”. “Ay, gracias”.

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Sunday, May 6, 2007

Borracho

Él: Te juro por Dios que estaba borracho.

Ella: Ya.

Él: Borracho de verdad. No me acuerdo de nada.

Ella: Son cosas que pasan.

Él: Lo único que sé seguro es que antes de emborracharme tú y yo teníamos una historia y que luego ya no.

Ella: Sí.

Él: Y ya sé que me merezco que me des 400 latigazos en la plaza, y que luego me eches un caldero de brea hirviendo por encima y me emplumes y me avergüences públicamente, y que la multitud me arrastre hasta el río y me lance al agua, con una piedra de molino amarrada al cuello…

Ella: A mí me gusta más la idea de atarte cada brazo y cada pierna a un caballo percherón, y luego arrearlos a los cuatro para que corran en direcciones opuestas, de modo que te descuarticen. Es una tradición francesa, ¿sabes?

Él: Yo lo que tú digas. Lo único que te pido es que antes me expliques qué pasó. Porque por más que me estrujo la cabeza no me acuerdo. Y ya que voy a morir, me gustaría saber qué hice.

Ella: Bueno.

Él: ¿Me lo vas a contar?

 

Ella: Sí. Mira. El viernes por la tarde, serían las ocho o las ocho y media, me llamaste por teléfono. Me dijiste: “Llevo bebiendo desde la hora del almuerzo, estoy todo borracho, y quiero que sepas que te echo de menos y que me muero de ganas de follar contigo”.

Él: Joder.

Ella: Entonces, sin que a mí me diera tiempo de responder nada, te vino un ataque de arrepentimiento y empezaste a hablar a toda velocidad: “Por favor, por favor, perdóname, no era eso lo que quería decir, no quiero tratarte como un objeto sexual, la pregunta es, ¿te parece bien si paso por el vídeoclub y saco unas pelis y pido unas pizzas y luego voy a tu casa y pasamos la noche abrazaditos?”.

Él: Ay.

Ella: Sí. Y yo te contesté que en realidad prefería que me tratases como un objeto sexual; que me parecía mejor idea que vinieras a follar y luego te fueras a casita tranquilo, y me dejaras dormir. Porque yo estaba muy cansada, había tenido una semana terrible.

Él: ¿Eso me dijiste?

Ella: Sí.

Él: Eres muy rara.

Ella: Ah, tú no. Tú eres un modelo de normalidad, vamos, es que no sé cómo…

Él: Perdona, perdona, sigue.

Ella: Entonces te ofendiste todo y me dijiste que yo era muy rara.

Él: (cierra los ojos y se calla).

Ella: Sí. Y yo te dije que, en resumen, eso era lo que había. Que un ratito sí podías venir, que me parecía muy bien y tenía ganas de verte, pero que nada de acampar a pasar la noche o el fin de semana conmigo. Que me reservaba el derecho de echarte cuando me pareciera. Y más si estabas borracho.

Él: ¿Y no se me notaba la tajada?

Ella: No, la voz la tenías perfecta. Hablabas igual que ahora. Pero cuando te dije eso te pusiste todavía más digno. “¿No quieres nada conmigo si estoy borracho?”. Y yo te respondí que dependía.

Él: ¿De qué?

Ella: Pues de en qué medida te incapacitara la borrachera. Entonces te entró una especie de masculinidad agresiva y me dijiste que eras perfectamente capaz de cualquier cosa, y que me lo ibas a demostrar, y que yo iba a quedar impresionada y llamaría a todas mis amigas para contarles…

Él: Dios.

Ella: Pero, dijiste, era inadmisible que yo te echara a la calle una vez que me hubiera aprovechado de ti. Tú te ibas a quedar a dormir conmigo. Entonces yo te recordé que yo no era tu novia ni nada, y que no me correspondía aguantarte las borracheras ni las resacas. Y te enfadaste mucho y me dijiste que no tenía corazón ni sentimientos, que era una moderna de mierda, y me colgaste.

Él: No.

Ella: Sí. Y luego me volviste a llamar para decirme que te habías ido a casa de tu hermana, y que ella sí te dejaba quedarte a dormir, y además te iba a dar un caldito calentito antes de acostarte; que yo debería tomar ejemplo, que no veías ninguna razón para que me riera tanto, y que en el futuro me arrepentiría de haberte tratado tan mal. Entonces desconecté el teléfono.

Él: ¿Y qué puedo hacer para que me perdones?

Ella: Nada. La sentencia ya está dictada, ya la leyó el pregonero y todo. Los caballos te están esperando.

Él: Podía haber sido peor.

Ella: Ah, sí, siempre puede ser peor.

Él: Cuando estoy sereno soy encantador.

Ella: Sí. Mucho.

Él: Y ya entiendo por qué no me acuerdo de nada. Tanta vergüenza me bloqueó el cerebro.

Ella: Qué bien que estoy yo aquí para desbloqueártelo.

Él: ¿Y no te apetece salir a cenar conmigo, así, en plan de desagravio? Hay un restaurante buenísimo que…

Ella: Verás, tú me caes bien, me gustas y eso, y eres muy divertido, pero a tu alrededor la siniestralidad es alta-muy alta. Estar contigo significa meterse en líos, uno detrás de otro.

Él: ¿Líos? ¿Cómo, líos? ¿Por qué?

Ella: ¿Por qué? Ah, tengo una teoría, pero es bastante desagradable.

Él: Después de esto, ya…

Ella: Los líos se multiplican a tu alrededor, creo yo, porque exteriormente eres un hombre de treinta y tantos, capaz, razonable, inteligente, con sentido del humor… Pero cuando se te rasca un poquito resulta que por dentro tienes catorce años.

Él: Vaya.

Ella: O como mucho quince.

Él: Gracias.

Ella: Sí. Y no es fácil relacionarse con adolescentes.

Él: Pero eso no es culpa mía. Es que cuando yo iba al instituto era tímido y bajito y llevaba gafas y sacaba muchos sobresalientes. Y las chicas ni me veían, no me juntaba con nadie. Así que a los catorce años no me pasó nada, ni aprendí nada útil sobre las relaciones humanas. Entonces las cosas me pasan ahora y me cogen de nuevas.

Ella: Pobrecito.

Él: ¿Qué hacías tú con los muchachos cuando tenías catorce años?

Ella: Pues si ellos tenían catorce años los trataba como si no existieran, como si fueran amigos de mi hermano pequeño, seres inferiores, digamos.

Él: ¿Ves?

Ella: Pero si tenían quince o dieciséis, procuraba ponerlos nerviosos. Y si alguno que me gustara se ponía suficientemente nervioso y se me declaraba, primero hacía como que me lo tenía que pensar, luego le decía que sí, y buscábamos un lugar oscuro donde nadie nos viera y nos dábamos besos y lametones y nos apretujábamos y nos cogíamos unas calenturas terribles y nos peleábamos porque él quería meterme la mano por debajo de la camiseta o desabrocharme algún botón o bajarme alguna cremallera, y yo le decía que de ninguna manera, y no nos hablábamos y nos odiábamos, pero luego volvíamos a empezar otra vez. Era estupendo.

Él: ¿Y no podríamos hacer eso tú y yo?

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Sunday, April 29, 2007

Ranas

Kitty se sentó conmigo en su salón de té, el más elegante de la ciudad y de la isla y del paralelo 28, cogió la taza (olía a gingko biloba y a frambuesas), se la llevó a los labios y dijo, toda preocupada: “a mí lo que me da miedo de viajar al trópico es que me den a chupar una rana y me dejen inconsciente y me lo roben todo”. Yo la miré, asombrada. “¿Pero por qué te van a dar a chupar una rana?”. “Porque eso pasa en el trópico cada rato, viene una persona que muy educadamente te pide que chupes la rana, que es una costumbre local, una forma de agasajar a los visitantes, y tú, que no quieres ser antipática ni estirada ni perderte una experiencia curiosa, chupas la rana, y en el lomo tiene un alcaloide poderosísimo que te deja loca, viendo visiones, al borde de la muerte; y entonces esa persona aprovecha para quitarte hasta los zapatos, y tú no puedes hacer nada”, explicó Kitty, bajando la vista hacia sus sandalias italianas con gran melancolía. “Pues si ya sabes que existe ese peligro, no chupes la rana y en paz”. “Ah, pero ellos se valen de subterfugios: como las ranas son rojas, amarillas, anaranjadas, y tienen una piel limpia y brillante, te las pueden poner sentadas dentro de una ensalada, por ejemplo, o en una bandeja de frutas exóticas, y las chupas sin darte cuenta”. “Si te ponen ranas en el plato seguro que te das cuenta; para empezar, saltan”. “No, porque a las ranas las narcotizan. Está todo pensado. Es muy serio, esto, lo contaban en un documental del National Geographic; y luego salió en un episodio de los Simpson. Homer chupaba una rana y empezaba a tener alucionaciones y a sentirlo todo en plan psicodélico, así, Lucy in the Sky with Diamonds, the girl with kaleidoscope eyes…”. “Pero tú eres mucho más lista que Homer”. “Ya, pero de todos modos”. “Entonces no podemos ir al trópico”. “No”, suspiró Kitty, resignada, y se levantó a atender a unas señoras que pedían té blanco y éclairs.

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Sunday, April 8, 2007

Trabajo

Alejandro dice:
¿qué tal estás?

E-lenita dice:
hecha un ocho… ¿y tú?

Alejandro dice:
cansado

Alejandro dice:
sin afeitar

Alejandro dice:
con más ojeras que un mapache

Alejandro dice:
o que el Papa, que no sé si has visto la mala cara que tiene
E-lenita dice:
pobrecito mío

E-lenita dice:
(digo tú, no el Santo Padre)
E-lenita dice:
entonces descansa, ¿no?
Alejandro dice:
sí, esta tarde voy a intentar no trabajar
E-lenita dice:
un poco más de convicción
E-lenita dice:
esta tarde NO voy a trabajar
E-lenita dice:
por ejemplo
E-lenita dice:
yo voy a dormir, y sobre todo voy a quedarme callada
E-lenita dice:
que las últimas cuatro horas de clase que di me dejaron una voz particularmente cazallera y/o travestona
E-lenita dice:
y no sé si la revolución industrial se merece tanto
Alejandro dice:
me han enviado una oferta de trabajo para ser director de un centro de spa&wellness en Lanzarote…

E-lenita dice:
¿qué?

E-lenita dice:
¿es broma?

E-lenita dice:
¿pero tú no eres licenciado en Políticas? ¿o me estoy confundiendo de novio?
E-lenita dice:
¿y me vas a dar pases gratis?

Alejandro dice:
pues una página web de ésas de ofertas de trabajo, en la que metí mi CV hace 5 años, que me sigue mandando cosas, normalmente ofertas de “mozo de almacén” o “director de contabilidad” o “comercial” en sitios absurdos y alejadísimos de mi casa
Alejandro dice:
mira la oferta:
http://www.infocurros.net/visualizar_oferta.ic/of_codigo=12785
E-lenita dice:
me encantaría tenerte aquí dirigiendo un spa, rodeado de burbujas y chicas en bikini
E-lenita dice:
bueno, lo de las chicas en bikini mejor no

Alejandro dice:
sólo que no sé alemán, ni tengo dos años de experiencia
E-lenita dice:
pero mi vida, lo que no tienes es ni idea del negocio de las piscinas

E-lenita dice:

¿o se da por supuesto que un señor de Políticas que trabaja en temas de consultoría está preparado para dirigir un spa?
E-lenita dice:

ahora falta que me ofrezcan a mí algo exótico en tu isla, tipo entrenadora de fútbol-sala o capataz de granja avícola, y que yo diga que sí, de puro amor

Alejandro dice:
pero a esta oferta del spa te podrías presentar tú
E-lenita dice:
yo soy licenciada en Historia

E-lenita dice:
y no me avergüenzo, lo digo públicamente
Alejandro dice:
supongo que no les importará tener directora en vez de director
E-lenita dice:
además no sé francés ni alemán

E-lenita dice:
ni tengo la más mínima experiencia en el mundo de la talasoterapia y los tratamientos de belleza
Alejandro dice:
claro que tienes
E-lenita dice:
bueno, como víctima ocasional sí

Alejandro dice:
tú vas con tu CV y tu pico y tu buena presencia y les aseguras que tienes una larguísima experiencia en tratamientos de belleza y se lo comen con papas
Alejandro dice:
¿no te haces la cera y te depilas las cejas y te das tratamientos variados?
E-lenita dice:
oh sí

E-lenita dice:
eso me capacita, claro, cómo no lo había pensado
E-lenita dice:
y me convierte en excelente gestora del dinero ajeno
E-lenita dice:
el spa se va a la quiebra en quince días, pero empapadito en aceites esenciales de alhelí
E
-lenita dice:
ni que fuera Roldán, no me jodas
Alejandro dice:
lo importante es que es un trabajo estable y bien pagado, y no dependes de nadie, no tienes que estar siempre con el agobio del paro y las sustituciones y los traslados

E-lenita dice:
que no, que no
Alejandro dice:
es un sector muy dinámico, cada vez hay más spas que te ofrecen toda clase de cosas inconfesables por 30 o 40 euros
Alejandro dice:
envolvimiento de algas, circuito termal, masaje relax, drenaje linfático
E-lenita dice:
ay

Alejandro dice:
también me han mandado un puesto de gerente en Fuerteventura
E-lenita dice:
¿gerente de qué?
Alejandro dice:
pues no lo pone…
E-lenita dice:
¿
gerente de Fuerteventura en general?
E-lenita dice:
igual eso te interesa, una isla entera en tus manos
Alejandro dice:
http://www.infocurros.net/visualizar_oferta.ic/of_codigo=38856
E-lenita dice:
no sé si leer tanta oferta de trabajo no es un poco contraproducente

E-lenita dice:
a mí
estas cosas me levantan una inseguridad inmensa y me dan un coraje… porque nadie me pide, nadie me quiere…
Alejandro dice:
pues yo te veo de gerente de Fuerteventura
E-lenita dice:
tú es que no eres nada objetivo
E
-lenita dice:
si soy incapaz de llevar decentemente mis propias cuentas

E-lenita dice:
por otra parte
E-lenita dice:
lo único que espero del universo es una lotería o un euromillón

E-lenita dice:
o que a ti te caigan grandes cantidades de dinero del cielo y vengas y me rescates y me des la vida regia que me merezco
E-lenita dice:
la primavera en Madagascar, el otoño en París, el verano en Salvador de Bahía…
Alejandro dice:
pues no quisiera desilusionarte, pero está difícil
E-lenita dice:
los hombres de hoy no tienen agallas ni iniciativa

Alejandro dice:
ojalá me hubiera licenciado en balnearios

E-lenita dice:
o en gestión de islas menores

Alejandro dice:
a lo mejor todavía puedo hacer un máster…

E-lenita dice:
¿otro?

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Friday, March 16, 2007

Podíamos

[Son las tres y media de la mañana de un sábado. Él la acompaña a casa en coche. Se acaban de conocer, en una cena con unos amigos]

 

 

Él: ¿Aquí?

Ella: Sí, aquí, gracias. Mira, ésa es mi casa, ahí enfrente. La de encima del herbolario.

Él: Ah, qué bien. Pues nada, encantado…

Ella: [sonríe]

Él: Y ya nos veremos, ¿no?

Ella: Claro.

Él: Aunque estaba yo pensando…

Ella: ¿Qué?

Él: Que, bueno, que así, de primeras, me gustas, que… que podíamos follar.

Ella: Podíamos, sí.

Él: Pero tiene que quedar claro que es sólo follar, ¿sabes? Porque yo acabo de salir de una relación muy larga, mi ex mujer me rompió el corazón y no estoy para nada.

Ella: Sólo para follar.

Él: Eso, nada más.

Ella: A ti te parecerá poco, follar.

Él: Bueno, tú me entiendes.

Ella: Sí. Pero te tengo que preguntar unas cosas. Quiero decir, tú también me gustas, así de primeras, pero no te conozco. Y yo no me acuesto con desconocidos. Así que…

Él: Pues pregunta, a ver.

Ella: ¿Eres nacionalista?

Él: Joder. Pensé que me ibas a preguntar si era promiscuo y si estaba sano.

Ella: No, es que si eres nacionalista, lo siento, pero no follamos.

Él: ¿Qué entiendes tú por nacionalista?

Ella: Pues que votes a Coalición Canaria, o algo peor, que en los asaderos cojas la guitarra y cantes “Cathaysa la niña guanche” y te emociones todo, que te sepas 150 palabras en tamazigh, que estés por la independencia… esas cosas.

Él: No.

Ella: Vale. Bien.

Él: ¿Qué más?

Ella: ¿Has hecho teatro alguna vez?

Él: En el colegio, a fin de curso.

Ella: Pero ya de mayor no, ¿no?

Él: No. ¿Entonces, ni nacionalistas, ni con inquietudes artísticas?

Ella: Bueno, si pintas o haces fotos no me importa. Pero los actores de teatro me han dado mal resultado en general.

Él: Eres un poco rara.

Ella: Sí. Gracias. Tú también.

Él: ¿Ya está?

Ella: No. ¿Eres un maniático de la limpieza?

Él: No. Qué va. Si tengo una perra que lo llena todo de pelos.

Ella: ¿Te dan miedo las cucarachas?

Él: No, miedo no. Asco.

Ella: Pero las matas.

Él: Claro. A pisotones. ¿En tu casa hay?

Ella: No, por Dios. Eso no lo digas ni de broma. La última. ¿A ti te gusta que te toquen o más bien te molesta?

Él: Más bien me gusta. Soy del tipo pegajoso. ¿Tú?

Ella: A mí también me gusta. Bueno, por mí vale. Lo de la perra es un punto más a tu favor. Sólo me queda comerte un poco la boca para tenerlo claro.

Él: Espera, espera, que yo también te quiero preguntar unas cuantas cosas.

Ella: Ah, mira…

Él: ¿Has ido al psiquiatra alguna vez?

Ella: No.

Él: ¿Al psicólogo?

Ella: Al psicólogo sí.

Él: ¿Te han recetado antidepresivos alguna vez?

Ella: No.

Él: Pero has estado deprimida.

Ella: Sí, claro. ¿Cuántos años te crees que tengo, catorce?

Él: ¿Has estado enganchada a alguna droga o algo?

Ella: No. No tomo nada. Casi ni bebo. ¿Qué, te parezco una pirada y estás buscando la raíz del problema?

Él: No, es por curiosidad…

Ella: Oye, y ya que estamos, ¿te suele funcionar eso de decirle a la gente que quieres follar pero que no estás para nada, que tienes el corazón roto?

Él: Pues no sé. Es la primera vez.

Ella: Ya.

Él: No, en serio. Hace poco que me separé, y de verdad que no estoy para nada. Ahora empiezo a levantar cabeza.

Ella: Vaya.

Él: Y como no te conozco apenas, pensé “total, ¿qué tengo que perder?”.

Ella: Ah, muchas gracias.

Él: No, quiero decir que si en vez de tomártelo bien te llegas a enfadar, o me dices que de ninguna manera, que qué me he creído, que así no se hacen las cosas, pues no hace falta que volvamos a vernos más nunca.

Ella: Hombre, también está el riesgo de que yo, a pesar de todo este encanto personal que tengo, resulte ser una psicópata y me obsesione contigo y te persiga por tierra, mar y aire, gritando “vamos a casarnos, a tener tres hijos, ven aquí, cumple tus promesas, traidor, sinvergüenza”, y tengas que pedir una orden de alejamiento y escolta policial…

Él: No te rías de mí. 

Ella: Claro que me río. 

Él: Vamos a volver al punto en el que estábamos antes.

Ella: ¿Cuál? 

Él: Sí, bueno, pues, que…

Ella: ¿Qué?

Él: Pues que por mí ya podemos subir.

Ella: Primero te tengo que comer la boca, porque si no se nos da bien, aquí mismo abandono, ¿sabes?

Él: Te veo capaz de dejarme en el coche después de pasar el interrogatorio.

Ella: A ver, a ver…

[Se besan. Tardan]

Él: ¿Puedo subir, entonces?

Ella: Sí.

Él: Qué bien. ¿Vamos?

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Thursday, March 8, 2007

Una de estas noches

Una de estas noches me dio por llorar en el sofá. Cuando estaba a media llantina Papá me llamó por teléfono. Procuré que no se me notara la pena, pero no pude. Me preguntó qué me pasaba. Le dije que estaba muy triste, que me hacía daño la idea de que a estas alturas yo ya no iba a tener niños, y que Mamá y él se iban a quedar sin nietos. Papá se calló un segundo. Hizo por reírse, pero tampoco pudo. Me dijo que no pensara esas cosas, que eran destructivas. Y que además no eran verdad. Que yo tendría niños, que hoy en día, pues en fin; y que si no los tenía, los niños no eran lo único en la vida. Me dijo que mirara, si no, a la madre Teresa de Calcuta. Le dije que malditas las ganas que yo tenía de parecerme a la madre Teresa de Calcuta. Me dijo que sí, que efectivamente. Pero que no sufriera. Que él tampoco es que estuviera esperando nietos; que, aquí entre nosotros, los niños eran una cruz. Que yo, por ejemplo, parecía que estuviera endemoniada; que desde que nací hasta que cumplí los nueve meses ellos dos no habían dormido ni cinco minutos seguidos; que no sabía cómo no me habían matado. “Gracias, Papá”, le dije, enternecida. “¿Por no matarte?”. “Sí”. “Ah, fue tu madre, que no me dejó”.

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Wednesday, February 28, 2007

Japimil

 

Mira, perdona, no hace falta que me des nada si no quieres, pero déjame que te cuente, que nunca me dejan, me da una rabia, la gente es verme y agarrarse al bolso y decirme “no”, que no me da tiempo ni de abrir la boca, pero no me estoy refiriendo a ti, ¿sabes?, que tú ya lo tenías agarrado antes de que yo llegara, casualidad, será, claro, y fuá, cómo voy a robar yo nada con este cuerpo, mira qué piernas para correr, mira qué brazos, si me da una hostia cualquiera y me parte en dos, qué va, primero al hospital y luego al talego, no, no: yo soy toxicómana, eso se ve, no lo niego, pero no robo, fuá, lo que me faltaba; yo me acabo de poner, ¿sabes?, hace un ratito, y ahora estoy muy bien, pero no sé cuánto me va a durar, porque yo no me pincho, yo me lo fumo, mira, ¿ves?, y entonces eso, que no sé cuánto me va a durar, a veces el mono me vuelve en media hora, o una, a veces tarda más, dependerá, digo yo, de la calidad, ¿no?, y tengo que aprovechar lo que me dure para comer algo, porque enmoná es que no puedo comer, fuá, lo arrojo todo, se me pone una cosa aquí, y lo que como cuando puedo es un Japimil, ¿sabes?, también por lo de los dientes, que se me fueron cayendo todos, y el Japimil me va bien, vale tres euros, me pido los marnagues de pollo y las papas y el danap, ahora están regalando un perro de peluche también, chiquitito, y entonces eso, que si me puedes dar algo te lo agradezco, y si quieres vienes conmigo y me lo compras tú, para que veas que no me lo gasto en droga ni en alcohol, si no nada, a ver si llego al Mardonal antes de enmonarme, sí, un euro está bien, no te voy a decir yo cuánto me tienes que dar, gracias, ¿eh?, adiós, adiós.

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Wednesday, February 7, 2007

Mamá dice

Mamá dice:

oye

E-lenita dice:

¿qué?

Mamá dice:

¿qué haces?

E-lenita dice:

aquí tirada en el sofá como una marmota, que me lo merezco mucho

Mamá dice:

yo también me lo merezco mucho

Mamá dice:

pero antes de irme a la cama te quería preguntar qué planes tienes para el fin de semana, si te vienes a casa con nosotros

E-lenita dice:

ah, pues

E-lenita dice:

pues es que quedé en ir a otro sitio, ¿sabes?

Mamá dice:

a otro sitio

Mamá dice:

o sea que tienes un plan de los que no se pueden contar, ¿no?

E-lenita dice:

bueno

E-lenita dice:

mira

E-lenita dice:

te voy a dar una exclusiva, pero es alto secreto…

Mamá dice:

a ver, a ver, dilo pronto

E-lenita dice:

¡tachán!

E-lenita dice:

pues que estoy medio saliendo con un muchacho

E-lenita dice:

medio sólo

Mamá dice:

sí……. PERO DIME ALGO MÁS, ANDA, que yo soy un poco marujona y me gustaría que encontraras al HOMBRE DE TU VIDA…….

Mamá dice:

de verdad que yo no se lo digo a NADIE, ni a tu padre…. ¿es calvo?

E-lenita dice:

¿por qué calvo?

E-lenita dice:

¿por qué me preguntas eso?

Mamá dice:

es que le estoy rezando una novena a Santa Rita

E-lenita dice:

¿tú me pusiste un detective?

E-lenita dice:

¿me estás espiando vía satélite?

Mamá dice:

que no

Mamá dice:

es que empecé la novena para que tu hermano se sacara la oposición, y ya que me tenía que levantar a las seis de la mañana para ir a la iglesia antes del trabajo, pues te metí a ti también, y a tu hermana

Mamá dice:

y para ti lo que estoy pidiendo es que encuentres el hombre de tu vida, aunque sea calvo…

E-lenita dice:

es que es calvo

E-lenita dice:

pero no sabemos si es el hombre de mi vida ni nada

E-lenita dice:

a lo mejor no existe el hombre de mi vida

E-lenita dice:

tú sigue con la novena por si acaso

Mamá dice:

lo importante es que sea bueno, limpio y sepa hacer las cosas de la casa, para que te ayude…… y no importa si la calva le brilla, eso es hasta bonito…

E-lenita dice:

lleva la cabeza toda afeitada

Mamá dice:

¿BRILLANTE?

E-lenita dice:

bastante brillante, sí, ¿qué pasa?

E-lenita dice:

oye, pero no te olvides, esto es muy reciente, nada de anuncios en la prensa, por favor

Mamá dice:

que sí, tú tranquila, que soy una tumba, un cementerio entero

Mamá dice:

ay, pero qué buena noticia, me anima a seguir madrugando y haciendo la novena

E-lenita dice:

oye, ¿y para mi hermana qué pides?

Mamá dice:

un novio también

E-lenita dice:

¿calvo?

Mamá dice:

no, el de ella no

E-lenita dice:

¿y por qué no?

Mamá dice:

no sé, no me pega para ella, como es más joven y va al gimnasio todo el rato y eso

E-lenita dice:

será posible

E-lenita dice:

me quedo sin palabras

Mamá dice:

no te enfades, que te salen arrugas en la frente como a tu tía Maripaz…… mañana sigo con tu novena y si quieres te pido otro muchacho con pelo, como el de tu hermana

E-lenita dice:

ya está, ya me enfadé

E-lenita dice:

me vuelvo al sofá

Mamá dice:

yo te lo pido como más te guste a ti, y si éste que tienes ahora te gusta, pues para qué más, ¿no?

E-lenita dice:

buenas noches

Mamá dice:

buenas noches, un beso

[Mamá se desconecta, se levanta de la mesa del ordenador, se acerca a la cama y le dice triunfante a Papá, que está leyendo: “¡Tu hija la mayor tiene novio!”]

[Elenita se va al sofá, lo piensa un poco y se muere de risa ella sola]

Posted by La Lupe at 23:04:35 | Permalink | Comments (2)