Va a llover
Me despierto, me estiro en la cama, despacito, y siento que me duelen un montón de cosas. Miro a ver. Me duele la cicatriz del muslo (de cuando me mordió el perro), la de la rodilla (del fusil de pesca submarina), la del hombro (de cuando me operaron), la de la frente (del accidente de coche). Pero tengo cicatrices que no reconozco y que me duelen igual. ¿Cómo puede ser que estén perfectamente cerradas y curadas y yo no me acuerde de ellas? Me preocupo. Me paso los dedos por encima de una que me cruza la barriga y de repente sé. Ésta es de cuando Jose me engañó con aquella. Y ésta otra, me digo, tocándome el costado, de cuando Alejandro.
Dejo de mirar. Me levanto y me asomo a la ventana. Va a llover.